CORAZON GRANDE – Artículo en “La voz de San Justo” (domingo 6 de diciembre de 2015)

BanghiArgentina se reacomoda después de un año electoral que, tal como se lo vivió, esperemos que sea el último. Que avance en serio la reforma política y que todo se vuelva más sensato.

Mientras tanto, el Papa Francisco -el argentino más universal- ha culminado su viaje a África, visitando tres países: Kenia, Uganda y República centroafricana.

Este último, en una situación de violencia que no conoce tregua. La que hasta hace poco era un ejemplo de convivencia pacífica entre etnias y religiones, se ha convertido en un infierno de odio, violencia y venganzas que se suceden sin solución de continuidad.

La paz y la convivencia pacífica parecen cosas del pasado. Se alejan del presente y del futuro a una velocidad de vértigo.

Autorizadas voces internacionales le habían aconsejado cancelar esta etapa del viaje. Dijo que no. Y siguió adelante con lo programado.

Mientras Francisco estaba en la capital, tres jóvenes cristianos eran asesinados en medio de los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes.

Fiel a su estilo, el Papa ha ido al barrio más peligroso de Bangui y, en un gesto de muy alto significado religioso y también político, ha ido a una mezquita para encontrarse con los musulmanes.

Les ha dicho: “”Juntos digamos ‘no’ al odio, a la venganza, a la violencia, en particular a la que se comete en nombre de una religión o de Dios. Dios es paz, salam”.

Aquí, en Argentina, hay algunos que están enojados porque Francisco no saludó a Mauricio.

Si pusiéramos empeño no lograríamos ser tan chiquitos. Ni siquiera chiquilines. Chiquitos.

Bueno, no solo Francisco. Hay muchos argentinos que son realmente universales, con un corazón que compite en amplitud con la mente. Argentinos de corazón grande. Ellos mismos inmensos.

Pienso en el maestro Baremboin y su iniciativa de una orquesta con músicos palestinos y judíos. Una apuesta por la paz y la humanidad a través de una de las expresiones más sublimes de la cultura: la música.

Cuando la mezquindad parece enseñorearse y enrarecer el aire, levantar la mirada y ver esta amplitud de hermanos y hermanas nuestros devuelve oxígeno a la vida.

Los cristianos solemos reconocer en este aire que se renueva y se hace más saludable al Espíritu, el aliento de Dios que ensancha el espacio interior del corazón humano.