Tan distintos e iguales…

No sé si será posible que los argentinos tengamos un proyecto común de país. Argentina me parece hoy cada vez más plural, diversa y compleja. Sinceramente: este estado de situación ni me asusta ni me arredra. Al contrario, me parece sencillamente fascinante.

Además, como discípulo de Cristo, veo aquí una enorme posibilidad: en este contexto, vivir la fe a cara descubierta, como una forma de vida que -valga la redundancia- simplemente se vive, dejando entreabierta la puerta por si alguien quiere entrar, o solo mirar para ver de qué se trata.

Sigo pensando que la mayor enseñanza del Vaticano II está en aquellas sensatísimas palabras de Dignitatis Humanae 1: “la verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas”.

Esa verdad que ilumina con luz propia tiene un rostro: el de Jesús, el Cristo. Y es una verdad que demuestra su consistencia dando libertad.

Vuelvo a mi frase inicial: no sé si podremos converger en un proyecto común de país. Con muchos, siento en esta pretensión el riesgo de aquel uniformismo (todos pensamos igual) que, con el autoritarismo y el mesianismo, los argentinos tanto hemos acariciado, por derecha o por izquierda, incluso en nombre de Dios.

Por eso, creo que, al menos en esta etapa de nuestra historia, nuestro esfuerzo ha de estar enfocado en lograr no un proyecto común de país, sino un pacto de convivencia ciudadana.

Entre otros rasgos, esto significa sabernos y aceptarnos distintos, pero semejantes en dignidad, derechos y obligaciones. Sin necesidad de tener que tener la misma mirada sobre nuestra historia, nuestras ideas o valores.

Creo que este reconocimiento del otro como un semejante sería un paso clave para construir nuestro futuro.

Uno de los signos más alentadores de estos meses es que la mayoría de las fuerzas políticas, incluidas las que detentan el poder, se han descubierto sin fuerzas para imponerse a los demás. De repente hemos visto renacer las instancias de diálogo, de consenso y de acuerdo.

Ojalá que no sea una ilusión pasajera, sino un primer paso, vacilante pero firme, en la dirección correcta.

Ojalá que sea algo más que estrategia de momento y se vaya convirtiendo en convicción de todos los ciudadanos.

Somos tan distintos e iguales…