Un test de humanidad

“La Voz de San Justo”, domingo 7 de mayo de 2017

Alguna vez leí que el gran director de cine Cecil B. de Mille, para conocer la calidad de un artista, solo pedía que le dijera en voz alta estas dos frases: “te amo” y “creo en Dios”.

Se trata de dos frases que reflejan dos experiencias humanas fundamentales. Distintas. Sí. Pero que también tienen una profunda semejanza.

En definitiva, cuando alguien expresa su amor está entregándose a otro, no a ciegas, pero sí con una confianza que no se basa primariamente en un razonamiento, sino en la iluminación que surge del amor.

La fe en Dios tiene una dinámica similar, al menos en la tradición judeo cristiana. Es mucho más que aceptar como verdaderas algunas afirmaciones. Es confiarse por entero a un Dios que se ha mostrado a sí mismo, invitando al hombre a un diálogo y a un encuentro.

Amor y fe, además, suponen que esa entrega de sí sea expresión – la más alta posible – de la libertad. Solo se puede amar a otro como empeño de la propia libertad. Solo se puede decir “amén” a Dios como decisión libre. Nadie puede coaccionar a otro a creer, como tampoco a amar.

En definitiva: nadie puede decir lealmente “te amo” o “creo en Dios” quedándose como fuera de lo que dice. Si lo hace así miente con frialdad. Estas frases, solo resultan convincentes cuando implicamos en ellas toda nuestra persona – todo lo que somos, sentimos y soñamos – al pronunciarlas. Al decirlas nos decimos a nosotros mismos.

A partir de este domingo, quisiera aprovechar este espacio para hacer algunas reflexiones sobre el Credo que los cristianos rezamos cada domingo en la Misa. Como hice ya con el Padre nuestro, trataré de repasar los artículos del Credo, para tratar de explicar en qué creemos los cristianos, mostrando cómo la fe ilumina aspectos fundamentales de nuestra propia condición humana.

Entre tanto, también cada uno de nosotros podría ensayar esas dos frases, sencillas pero fundamentales, con que iniciaba estas líneas: “creo en Dios” y “te amo”.

Seguramente no nos abrirán las puertas de la fama. Lo que sí harán es ayudarnos a testear y comprender un poco más la hondura humana que le estamos dando a nuestra vida.

Son un verdadero test de humanidad.