Cambios en el Vaticano: nuevo Prefecto en Doctrina de la Fe

Ladaria1

El nombramiento del arzobispo Luis Ladaria como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe es – en mi modesta opinión – una muy buena noticia.

Sustituye al cardenal Gerhard Müller, que está cumpliendo los cinco años para los que fue nombrado. Vale aclarar que el Papa Francisco ha determinado que, de ordinario, se respete este período de tiempo para quienes desempeñan servicios en la Curia. Cumplido el plazo, la persona vuelve a su diócesis o asume otro oficio. Claro, aquí se trata de un cardenal. Esto lo hace más llamativo.

Es cierto que seguramente hay otras razones para no renovar su servicio al frente de la Congregación. Al Papa le toca evaluar a sus colaboradores, eligiéndolos libremente. Mucho más en este caso, pues la Congregación para la Doctrina de la Fe es la más importante de la Curia, pues en ella el Papa delega parte de su oficio magisterial. La Congregación y, por ende, su Prefecto hablan en nombre del Papa de manera singular.

Pero vuelvo a Ladaria. Se trata de un jesuita español, nacido en Mallorca. Es un teólogo muy conocido. Enseñó en Comillas y también en la Gregoriana. Tuve la suerte de tenerlo como profesor. Me dirigió la tesis de licenciatura. Hice con él un seminario sobre la  el Espíritu Santo en la enseñanza de los Padres: Atanasio y Basilio.

Se trata de un hombre de muy buen carácter, amable y con una envidiable claridad a la hora de exponer los temas de sus clases. Cualidad que brillaba, de manera especial, cuando el autor o el tema a exponer era de especial complejidad. Sus clases estaban siempre abarrotadas de alumnos. De todos modos, quisiera destacar también la exquisitez humana de su trato con las personas, especialmente percibida por quienes éramos sus alumnos.

Fuimos nombrados obispos en el mismo año. Él fue ordenado en julio y yo en setiembre. Tuve ocasión de entrevistarlo en dos ocasiones: para la Visita “ad limina” de 2009 y más recientemente, mientras la Conferencia Episcopal Argentina elaboraba sus Líneas guía para responder a los abusos sexuales de clérigos. Volví a comprobar entonces sus cualidades para abordar temáticas difíciles con gran calidad en el trato humano.

No se lo puede enrolar en las corrientes teológicas más progresistas. Tampoco en el conservadurismo. Menos aún en el integrismo tradicionalista. Creo que esto es, en los tiempos que corren, un activo de su persona.

Siendo yo profesor de varias materias de teología dogmática – Gracia y Trinidad, por ejemplo – usé con provecho sus libros. También muy bien valorados por los alumnos.  Sus autores de referencia son: De Lubac, Rahner, Von Balthasar, Pannenberg, Alfaro.

En temas difíciles y polémicos suele tener una postura muy equilibrada, sin tensar la cuerda hasta hacer imposible la búsqueda de la verdad integrando diversas posiciones. Esto es, a mi criterio, un activo a su favor, en este momento de fuerte transición eclesial, bajo el ministerio del Papa Francisco. En este punto, tengo expectativas muy alentadoras.

Por otra parte, me consta que se preocupaba de unir a su intensa vida académica el ejercicio del ministerio pastoral, tanto y en cuanto se lo permitían sus tiempos, sobre todo, en la predicación de Ejercicios espirituales.

La Congregación de la Fe tiene como misión «promover y tutelar la doctrina de la fe y la moral en todo el mundo católico. Por esta razón, todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo su competencia».

Ayuda al Papa en el desafiante anuncio del Evangelio en las circunstancias de hoy. Por eso, su misión de ayudar a discernir contenidos teológicos y formas de lenguaje que, respetando la fe recibida, actualicen el mensaje del Evangelio de la salvación.

Dentro de su competencia está también una sección judicial que se ocupa, entre otros delitos contra los sacramentos, de los casos de abusos sexuales a menores cometidos por clérigos (diáconos y presbíteros). En esta materia, ayuda a los obispos a responder con justicia y verdad a las denuncias que se reciben. En esta delicada materia se han dado muchos pasos valiosos. Quedan muchos todavía por dar.

Auguro al arzobispo Luis Ladaria muchos frutos en esta nueva y delicada misión que le confía el Papa. Cuenta con la oración de la Iglesia. Por supuesto, con la mía también.