ESI: nadie tiene la vaca atada

121752.jpgEste fin de semana, varias ciudades argentinas han visto a miles de ciudadanos manifestarse bajo el lema: “Con mis hijos no te metas”. De un tiempo a esta parte, se ha convertido en un hashtag de fuerte presencia en las redes.

El disparador ha sido la intención de introducir modificaciones a la legislación vigente en Educación Sexual Integral.

Leyendo los titulares de algunos medios podría quedar la impresión de que se trata de grupos conservadores que le dicen “no” a la educación sexual, sin matices ni distinciones.

Creo sinceramente que hay que ser más cautelosos. Incluso me permito dar un consejo a quienes se sienten escandalizados, se sorprenden de que se esté hablando de “ideología de género” y tienden a descalificar como “retrógradas”, “oscurantistas” e “hipócritas” estas manifestaciones.

El consejo es este: bajar un cambio, detenerse a escuchar, tomar un poco de distancia de los propios puntos de vista y ensayar la posibilidad de comprender a las personas con sus ideas, motivos y perspectivas.

Este es, además, un buen ejercicio democrático: escuchar al ciudadano, abrirse a la realidad en todas sus expresiones.

Es cierto que algunos rechazan incluso la actual ley de ESI. Fruto de importantes consensos, desde la Iglesia católica nos hemos manifestado a favor de ella. Sin embargo, no están tan desacertados quienes consideran que, bajo la vigencia de esta ley, ya han sido introducidos los postulados más extremos del enfoque de género, avanzando en un proceso de reingeniería social.

Este es un punto que merece atención. Desde mediados de los noventa, la palabra “género” ha empezado a sonar en diversas disposiciones oficiales (leyes, normativas, papers, etc.). Se iba enhebrando así un tejido bastante compacto de orientaciones que asumían el “enfoque de género” como pauta educativa.

Tendríamos que añadir que este proceso ha sido constante y, en buena medida, avasallador. Lo que ocurría en las disposiciones educativas de las provincias corría en paralelo con una serie de leyes del Congreso Nacional, por ejemplo: el matrimonio igualitario y la identidad de género.

“Es la ley”… Tema cerrado. La poderosa, pero también boba mano del Estado parecía direccionada por “especialistas” que dejaban, de hecho, poco espacio para la discusión.

Este modelo es el que está ahora entrando en crisis. Y es muy bueno que así ocurra y que se lo ponga en discusión desde las bases, es decir, que sean los padres, preocupados por la educación de sus hijos los que pongan el grito en el cielo. En definitiva, ¿no son los padres los responsables originarios de la educación, especialmente de la orientación moral de los hijos? Los demás que intervenimos en la educación (estado, escuela, iglesias, profesionales de la educación, etc.), ¿no tenemos un rol subsidiario?

Estamos al inicio de un auspicioso camino. Toda vez que la sociedad se moviliza hay que disponerse a caminar. Nos pasó recientemente con el aborto. Está pasando ahora con la cuestión de la educación sexual.

Una cosa es el respeto, el trato digno de las personas, especialmente de las que pertenecen a las minorías sexuales, y la efectiva superación de toda forma de discriminación injusta e incluso de violencia. Otra, muy distinta, es tener que aceptar sin más un enfoque filosófico determinado como una verdad indiscutible. Una cosa no supone la otra.

Por parte de la Iglesia católica, la semana pasada tres comisiones episcopales (Familia y laicos, Catequesis y Pastoral bíblica, y Salud) dieron a conocer un texto con el título: “Distingamos: sexo, género e ideología”.

Es, a mi modo de ver, un aporte muy valioso y que se estaba haciendo esperar. Siguiendo las reflexiones del Papa Francisco, asume cuanto de legítimo tiene la expresión “gender”, y toma distancia de lo que considera su deformación ideológica. Ofrece una indicación muy buena de por dónde tiene que ir el diálogo con otras perspectivas. Un diálogo que, sin claudicar de la propia posición, sepa discernir cuánto de verdadero hay en todo genuino reclamo humano.

De todos modos, seamos realistas. Las antropologías que proponen el enfoque de género, por lo general, tienen un punto de partida que está en las antípodas del humanismo cristiano. No es lo mismo sostener que esta realidad compleja que es la persona humana ha salido de las manos de un Dios sabio, creador y providente, que sostener que el ser humano es fruto del azar.

Una y otra visión tendrán necesariamente una comprensión muy diversa de lo que es la libertad humana y su rol en la construcción de la propia persona. El diálogo es posible, aunque el consenso sea muy difícil.

Sin embargo, y aún dejando de lado estas cuestiones filosófico-teológicas, la reacción de familias y diversos sectores ante la imposición de la ideología de género muestra que el Estado tiene que ser más cuidadoso a la hora de implementar políticas públicas en ámbito educativo. Hay que tomar nota de ello.

Es muy bueno que, en estas materias y en nuestra sociedad, nadie crea que tiene la vaca atada.