Esperar, orar, caminar

“La Voz de San Justo”, domingo 2 de diciembre de 2018

“Estén prevenidos y oren incesantemente…” (Lc 21, 36). Con esta recomendación de Jesús comenzamos a caminar el Adviento. Por eso, voy a dedicar estas columnas semanales a los salmos de los cuatro domingos de Adviento.

Adviento es, en definitiva, tiempo fuerte de oración. Y los salmos son precisamente eso: oración.  “El Salterio – enseña el Catecismo de la Iglesia – es el libro en el que la Palabra de Dios se convierte en la oración del hombre” (nº 2587).

Afrontar la vida “en espera” es ya “ponerse en oración”. El que espera, ora o anhela orar.

Los salmos son la escuela de oración del pueblo de Israel. Como todo hebreo piadoso, Jesús ha aprendido a rezar con ellos. Por eso, los salmos están en el corazón de la oración cotidiana de la comunidad de Jesús, la Iglesia. Rezados en el Espíritu de Jesús adquieren un significado y una profundidad inigualables.

Al salmo que sigue a la primera lectura de la Misa lo llamamos “responsorial” pues nos ayuda a responder a la Palabra escuchada. En este primer domingo de Adviento rezamos con algunas estrofas del Salmo 24, intercalando la antífona: “A ti, Señor, elevo mi alma”. A continuación, las estrofas:

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.

El orante es un creyente (¿un anciano tal vez?) que se encuentra solo y un poco abatido. Sabe, sin embargo, que cuenta con la cercanía del Dios misericordioso. Esta es su experiencia religiosa más honda: el Señor le ha dado su amistad.

Por eso, le pide tres gracias: verse libre de todos sus enemigos, alcanzar el perdón de sus pecados y ser instruido en los caminos del Señor. Esta última petición es la que retoma la liturgia de este domingo. La imagen del camino aparece cinco veces en las tres estrofas que rezamos.

El orante suplica conocer el camino, porque sabe que Dios no juega con él: es justo y recto, muestra siempre el camino a quien está extraviado.

El Adviento nos recuerda que ninguno de nosotros está hecho del todo. Pero también nos recuerda que Dios mismo está viniendo a nosotros. Está “en camino”. No es un Dios quieto, insensible o inalcanzable.

El salmo nos invita a caminar, a esperar y, por eso, a orar.