Los jóvenes, la Iglesia y un Dios que busca

“La Voz de San Justo”, domingo 26 de mayo de 2016

Muchos jóvenes pasan de la Iglesia. Es verdad. No lo vamos a ocultar. Pero también es cierto que, en la Iglesia, no dejamos de buscar a los jóvenes. En ocasiones acertamos. En otras, no tanto. Nunca, sin embargo, dejamos de intentarlo.  No podemos dejar de buscarlos.

Cuando digo que “en la Iglesia no dejamos de buscar a los jóvenes”, pienso en personas, comunidades e iniciativas muy concretas. De carne y hueso. Pienso, en primer lugar, en los mismos chicos y chicas que son Iglesia en cada rincón de nuestra diócesis: las parroquias, los colegios, los movimientos. Tengo registrados muchos de sus rostros, sus nombres, sus confidencias y sus ilusiones. Como dice el Papa: los jóvenes saben sembrar el Evangelio “en esa tierra fértil que es el corazón de otro joven”.

Lo que estamos viviendo este fin de semana con este II Encuentro Regional de Jóvenes es un ejemplo muy vivo de todo esto. Un paso vivificante de Dios por nuestras calles.

Pero me detengo en el verbo “buscar”. Es la Biblia la que nos enseña a decodificar su alcance espiritual. Para la Biblia, “buscar” es uno de los verbos cuyo sujeto es el Dios vivo. Como “crear”, “redimir”, “salvar” o “santificar”.

El Dios de la Biblia es un Dios siempre en salida, en permanente búsqueda. Busca porque ama y se estremece cuando su creación se extravía. No se cansa de recorrer todos los caminos que sean necesarios para encontrarse y hacerse amigo del ser humano. Y de todos, sin distinción ni exclusión. 

El evangelio, cuyo centro es la Persona de Jesús y su Pascua, es el relato de esa búsqueda nunca acabada, siempre en marcha en la vida y en las entrañas de cada ser humano.

Y esa búsqueda tiene un motor eficacísimo: el amor incondicional, absoluto y gratuito de Dios. Y un motivo insuperable: que cada ser humano, incluso toda la creación, sienta y viva lo que Jesús, el Hijo amado, siente y vive: “como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes” (Jn 15, 9).

Cuando la Iglesia de Jesús busca a los jóvenes, con tanteos, ensayos y errores, está dejándose mover por ese motor y ese motivo. No se permitirá nunca dejar de buscar a cada uno. Ha recibido un don inmenso que no puede guardar. Lo tiene que compartir.