Con Espíritu…

“La Voz de San Justo”, domingo 9 de junio de 2019

“Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento (espíritu) de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Gn 2, 7).

Más de la mitad de los chicos argentinos son pobres. Es decir: tienen alguna necesidad básica insatisfecha. Para que nos entendamos: varios días a la semana, no pueden cenar. Por no hablar del incremento del trabajo infantil (trabajar en vez de jugar). Eso significa: el futuro -el de ellos y el de todos- está comprometido. Es gris.

Un dato más para saber dónde estamos parados. No el único, pero ciertamente uno que no podemos dejar de considerar. Pero también un dato más para saber hacia dónde tenemos que caminar.

En este contexto, las agrupaciones políticas barajan sus candidaturas y propuestas (tal vez, más candidaturas que propuestas). Está bien que lo hagan: se acercan las elecciones y tenemos que elegir.

De paso, recuerdo una idea que me suele venir a la mente en estas ocasiones (no es mía, sino que se inspira en el gran Karl Rahner). Dice así: “cuando uno elige, se elige, elige qué tipo de persona quiere ser y qué mundo quiere edificar para vivir y para los que vengan detrás”.

En este contexto también, muchos alentamos un acuerdo de fondo que, entre otras cuestiones centrales, llegue a consensos básicos sobre qué hacer con el zafarrancho económico que nuestro país arrastra desde hace décadas. No es economicismo: es realismo. Dramático y concreto: como el hambre de los chicos por la noche.

¿Cómo se logra semejante consenso en un país como el nuestro? Pero, sobre todo, ¿cómo se lo sostiene en el tiempo, a sabiendas de que implica esfuerzos, renuncias y posponer gratificaciones tan inmediatas como falsas? ¿Cómo sustraerlo del oportunismo, del ventajismo y de los intereses personales o de grupo?

Semejante empeño requiere largo aliento. Necesita espíritu (y Espíritu).

En este contexto, los cristianos celebramos la gran fiesta de Pentecostés que lleva a su culminación el tiempo pascual. Y hacemos la colecta anual de Caritas, con el lema: “Compartir transforma vidas”.

Suplicamos que el Resucitado (el que viene de vencer la muerte y todas las muertes) siga soplando sobre el mundo su Aliento, su Espíritu. Y que ese Aliento entre por las rendijas de nuestras conciencias, de nuestras decisiones y de nuestros deseos.

Ese Santo Aliento trae al mundo el amor, la compasión, la ternura y la libertad de Dios. No violenta ni coacciona a nadie. Sopla, da vida y -¡gran bendición!- da libertad. Libera de toda opresión, miedo o timidez. Deshace el hielo, calma los ardores del calor y, sobre todo, transforma los corazones de piedra en corazones humanos: los hace sentir y mirar la vida desde el otro, especialmente si herido, triste o solo.

Vuelvo a la cita bíblica del inicio. Es el verso inspirado de un hermoso poema, el que canta la dignidad humana, tal como Dios la ha soñado: “Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.” (Gn 2, 7).