Lo que va de GOT a Chernobyl

De la miniserie “Chernobyl”

“La Voz de San Justo”, domingo 30 de junio de 2019

La posibilidad de seguir nuestras series favoritas, no solo ya en un horario fijo y a través del aparato de TV, está revolucionando nuestra vida.

El usuario digital puede verlas, a cualquier hora, en cualquier sitio y por diversos medios: un celular, una Tablet, un ordenador personal, etc.

Nuevas formas de comunicación y entretenimiento. Nuevos lenguajes y, ¿por qué obviarlo?, nuevos desafíos e incluso peligros de adicción.

Sin embargo, hay algunos indicios que nos dicen que los nuevos usuarios siguen siendo hombres y mujeres que llevan en el corazón las inquietudes humanas de siempre. Como quienes podían pasar la noche entera atrapados por la narración de un libro. Y aún lo hacen.

Dos ejemplos cercanos. La monumental serie “Juego de tronos” (GOT, por su sigla en inglés), ha sido seguida por millones de personas en todo el mundo. Usuarios que fueron “encantados” por su trama subyugante, su espectacular fotografía, no menos que por la complejidad humana de sus personajes.

Algo similar ha ocurrido con “Chernobyl”. Mucho más breve que la anterior (apenas cinco entregas), pero con un despliegue argumental y técnico de primer orden, la serie atrapa desde el primer minuto.

¿Puro entretenimiento? No lo creo. Ambas han sabido conectar con dos inquietudes muy profundas del corazón humano: ante todo, la necesidad de tener buenas historias en las que leer también nuestra propia biografía, con los meandros de nuestros límites, grandezas y miserias. Eso es lo que, al menos a mí, me atrapó de Juego de tronos.

Con “Chernobyl”, sin embargo, la cosa ha ido por otro carril. Confieso que me ha conmovido profundamente, en ocasiones hasta las lágrimas. Y no ha jugado con las emociones a través de recursos sentimentales. Dos cosas me han golpeado fuertemente: la valentía de quienes no dejaron que el poder (sea del estado soviético o de su ideología) sofocaran la propia conciencia. Pero también, la fuerza de bien que anida en personas comunes que saben ponerse la historia en los hombros, cuando su conciencia es interpelada.

Necesitamos buenas historias para comprender el sentido de nuestras vidas. Pero, de la misma manera, necesitamos de la verdad para ser genuinamente humanos. Solo cuando la verdad irrumpe en la conciencia, el ser humano empieza a saborear realmente la libertad.

Quienes hemos sido formados por la tradición bíblica, no podemos dejar de apreciarlo. La Biblia dice las verdades más hondas contando historias. Buenas historias. ¿No es eso el evangelio?