Menos, es más

“La Voz de San Justo”, domingo 4 de agosto de 2019

«Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». (Lc 12, 15)

Empezando por Caín y Abel, la Biblia está repleta de historias de hermanos que se pelean por la herencia paterna. En culturas patriarcales como las del antiguo oriente, el nombre y los bienes pasaban del padre al hijo varón primogénito. Los hermanos menores quedaban excluidos. Mucho más las mujeres: solo podían heredar en ausencia de hijos varones. No resulta extraño entonces que se desataran guerras o, al menos, fuertes animosidades entre hermanos.

Como en otras ocasiones, en el evangelio de este domingo (cf. Lc 12, 13-21), Jesús retoma el designio originario de Dios creador: la vida de cada hombre y mujer es valiosa en sí misma, no podemos dejar que el ansia desmedida de poseer nos enceguezca de tal manera, que terminemos matando la fraternidad entre nosotros.

Ese es el drama de la actual cultura del consumo: nos ilusiona con la posesión de bienes superfluos que prometen más de lo que realmente pueden dar. ¿No sería inteligente probar ese sabio principio que enseña que “menos es más”? Otro modo de decirlo: probemos con el camino de la libertad interior, caminando ligeros de equipajes superfluos. Tal vez, de esa manera, redescubramos la riqueza de vivir como hermanos.