El Evangelio anunciado a los pobres

Francisco con un grupo de refugiados

“La Voz de San Justo”, domingo 15 de diciembre de 2019

“Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!” (Mt 11, 4-6).

Las prioridades de Jesús son siempre las personas. Todas, sin exclusión. Algunas, sin embargo, tocan más hondamente su corazón y le arrancan sus acciones más audaces. Son las que enumera cuando Juan Bautista lo interpela desde la cárcel: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Mt 11, 3). Son hombres y mujeres que, por distintas circunstancias, transitan la vida como un peso.

Jesús no es un teórico de Dios. No pretende demostrar su existencia. Él lo muestra con su vida, con sus sentimientos y con sus acciones. Y muestra a un Dios que se hace cargo del sufrimiento humano. En el corazón de la misión de Jesús está anunciar esta Buena Noticia a los pobres. Lo de los pobres no es “pobrismo” ni un “verso” que esconde otros fines. Los pobres están en el centro de la misión de Jesús, porque están en el corazón de Dios Padre.

Los discípulos de Jesús no tenemos otro camino. También para nosotros, los pobres, los heridos, los descartados han de estar en el centro de nuestra vida y misión.

La prioridad de Jesús ha de ser también la de la Iglesia. Es, sin duda, la del Papa Francisco. Sus cincuenta años de sacerdote, cumplidos esta semana, se pueden resumir en esta frase de Jesús: su vida sacerdotal es Evangelio anunciado a los pobres.

Adviento es también aprender a reconocer (o a recordar, por si lo hemos olvidado), que Cristo viene a nosotros en cada hermano que sufre.