Perder el tiempo (y la sensatez) en tiempos de coronavirus

¿En la mano o en la boca?

Parece mentira, pero es real.

Mientras se difunde el coronavirus, algunos católicos discuten si es un sacrilegio o no comulgar en la mano.

Es estremecedor ver cómo nos dejamos llevar por estas polémicas estériles. También nosotros colamos el mosquito y nos tragamos el camello.

Es un grave defecto espiritual perder de vista lo que es esencial en nuestra fe. Porque la forma de comulgar es secundaria respecto a la consideración del don divino que supone la santa Eucaristía.

Acudamos a las normas de la Iglesia, no solo para clarificar las cosas sino para tener también paz y no pelearnos como mundanos: “lex orandi lex credendi lex intelligendi” (la ley de la oración es la ley de la fe y de la inteligencia de la fe).

La Iglesia es la que regula la forma de celebrar los sacramentos. Es el derecho litúrgico que está contenido en las normas llamadas “Praenotanda” que preceden a los respectivos ritos litúrgicos.

Las normas que regulan la recepción de la sagrada Comunión están contenidas en el nº 161 de la Ordenación General del Misal Romano, con una nota de las decisiones de la Conferencia Episcopal Argentina al respecto.

Lo más importante: la Iglesia reconoce que la forma de comulgar la elige el fiel, “según su deseo” (sic). Es un derecho del fiel cristiano.

Básicamente son dos: en la boca o en la mano. También se ha reconocido -a modo de dispensa- la comunión de rodillas.

¿Es mejor en la boca o en la mano?

La forma típica es en la boca. Si un Episcopado lo pide, también se autoriza en la mano (como ha hecho el Episcopado Argentino y tantos otros).

En todo caso, lo fundamental es la actitud de fe, de devoción y de amor por la Eucaristía.

Es Cristo que se ofrece y el fiel lo recibe como Señor y Salvador, Viático para el camino y anticipo del Cielo. Aquí hay que poner el acento. Y, desde aquí, indicar la importancia de hacer bien gesto externo de reverencia y adoración al comulgar.

Si bien se puede decir que la norma litúrgica prefiere la comunión en la boca, de ahí concluir que es un sacrilegio comulgar en la mano, es una evidente exageración.

Dígase lo mismo de quienes argumentan que solo la comunión en la mano es lo más conveniente para una fe adulta.

Suele ocurrir que, unos y otros, imponen a los demás, con más fuerza de Ley que el Decreto de Graciano, la propia interpretación personal. Los clérigos solemos llevar la delantera en esto, pero no estamos solos…

Más grotesco aún si, a quien no piensa como yo, le digo con arrogancia: “Lo que pasa es que vos no tenés fe”.

Una expresión que, desde hace un tiempo, observo que se vuelve más común en algunos ambientes.

¿Qué ciencia poseo para concluir que alguien no tiene fe? ¿Alguna revelación particular? Solo Dios juzga ese nivel de la conciencia humana.

¡En nombre de Dios no nos dejemos ganar por semejante soberbia!

Repito, porque es fundamental: es un derecho del fiel cristiano elegir el modo de comulgar.

No cerremos, donde la Iglesia deja abierto un espacio legítimo para la libertad de cada uno.

¿Puede la Iglesia, el obispo o un sacerdote prohibir una forma determinada de comunión?

Tres casos posibles para atender en una respuesta a esta pregunta:

1. Un obispo no permite en su diócesis que se comulgue en la mano, aunque la Conferencia Episcopal del país lo permita. Es posible. De hecho, ocurre. Es potestad del obispo hacerlo.

2. El sacerdote -obispo o presbítero- en una celebración particular, y por riesgo de profanación, puede prohibir la comunión en la mano. Lo establece la Iglesia en sus normas.

3. En un caso como la actual emergencia sanitaria, el obispo puede restringir este derecho por el tiempo que dure la emergencia, por ejemplo, estableciendo que solo se comulgue en la mano o en la boca.