Del fideísmo al pelagianismo

Hace poco postee sobre el “fideísmo”.

Ahora sobre el “pelagianismo” que funciona así: Dios hace un poquito, yo hago un poquito. Entonces, Dios hace otro poquito, y yo vuelta a hacer otro poquito.

Las cosas -en cristiano- no funcionan así.

“El que te creó sin tí no te salvará sin tí”, dice Agustín.

Dios hace todo lo que a Él le corresponde.

Vos y yo hacemos todo lo que nos corresponde.

Él obra en su nivel de Dios, digamos.

Vos y yo obramos en nuestro nivel de creaturas.

No sé si te diste cuenta de que es el Creador (creó todo de la nada). Y, eso, hace la diferencia.

Él es la Causa Primera. Nosotros estamos en el nivel de las causas segundas. (Si esto no lo entendés, no importa. Seguí adelante).

Así nos creó y así (aunque de forma más admirable aún) nos salva.

Es una sinergia misteriosa pero real.

Dios no anula nuestra humanidad, sino que la crea, la hace posible, la sostiene y la corona con su gracia.

Es lo que vemos en Jesucristo: él no es “mitad Dios y mitad hombre” como rezó un compañero mío en primer año del seminario (entonces, éramos todos un poco herejes).

Es plenamente Dios y plenamente hombre, precisamente porque la mayor cercanía de Dios hace posible la mayor (y mejor) humanidad. Rahner, dixit.

¡Es sencillamente maravilloso! Y lleno de consecuencias para la vida real…

En criollo: cuidá tu salud y la de los tuyos con todos los medios que la razón humana (creada por Dios) está señalando como eficaces, prudenciales y efectivos para ese cuidado del que somos moralmente responsables.

Que Dios puede intervenir directamente. ¡Claro! Pero, de ordinario, no lo hace, pero no porque juegue con nosotros al gato y al ratón, sino porque respeta nuestra libertad.

Dios nos toma en serio. Te toma en serio. Me toma en serio. ¡Tómemonos en serio entonces! ¡Y cuidémonos unos a otros, pensando especialmente en los más vulnerables, que nos necesitan vivitos, sanos y con toda nuestra lucidez y capacidad de reacción activa!

Y, por favor, no tentés a Dios para que se comporte como un ídolo al servicio de tus expectativas.

“A Dios rogando… y con el mazo dando”