Este 2020, habrá Pascua

“La Voz de San Justo”, domingo 5 de marzo de 2020

Nuestras calles bulliciosas han quedado en silencio. También nuestros templos. Cuando salimos de casa, caminamos rápido, guardamos distancia, nos comunicamos con gestos.

El silencio dice muchas cosas. Cada uno sabrá como interpretarlo. El silencio tiene palabras, tal vez las más esenciales y sonoras.

Este es un silencio que no hemos buscado, sino que hemos tenido que aceptar, en parte con resignación, en parte por convicción. ¿Qué significa? ¿Qué nos dice?

Aún sin terminar de comprenderlo del todo, nos damos cuenta de que ese silencio de voces, trabajos y caminos tiene un sentido: cuidarnos, cuidar a los más expuestos, prevenir un mal que es también silencioso, y que está sacudiendo a la entera humanidad.

Pero también está asomando el miedo: ¿Qué real entidad tiene todo esto que vivimos? ¿Y el futuro? ¿Y el trabajo? ¿Y nuestra vida? ¿Cómo emergerá la humanidad de esta prueba? ¿Y nuestra Argentina?

Es una verdadera encrucijada de caminos. Comenzamos a advertir que estamos ante decisiones que implican la vida. Empezamos a intuir que, a nuestra generación se le está pidiendo sembrar pensando que otros cosecharán.

Es un desafío. Una responsabilidad. No ha madurado de a poco, sino que, con un ritmo vertiginoso, ha caído sobre nosotros, exigiéndonos decisiones rápidas, a las que no estamos habituados. Incluso más: tal vez hemos ido adormeciendo nuestra capacidad de mirar más allá de nosotros, de nuestro tiempo y de nuestras satisfacciones inmediatas.

Pero, ese tiempo ha llegado de improviso y nos está urgiendo…

Los que somos discípulos de Jesús sabemos que nuestra fe y la Pascua, que estamos a punto de celebrar, no se desentienden de esas vivencias. Más aún: es precisamente en ese humus donde la fe madura, donde la Pascua echa raíces y muestra todo su sentido y vigor.

Porque Pascua es paso de Dios por la vida. Y un paso que le roba a la muerte su poder destructor, porque hace surgir la vida desde la entraña misma de la tumba. Vence el miedo. Todos los miedos. Es luz matinal que, tenue pero firme, disipa las tinieblas más oscuras.

Pascua es Cristo en nosotros, y nosotros en Él.

No podremos estar físicamente en nuestros templos. Estaremos en familia, o tal vez solos (así muchos, de hecho, viven su fe hoy). Algunos estarán en la calle, en los hospitales como servidores o como enfermos. Pero Cristo que pasa estará allí, con cada uno de nosotros. Porque Dios está donde están los hombres, donde hay humanidad que sufre y que se entrega.

Este año celebraremos Pascua. No lo dudemos siquiera.