Jesús disipa nuestros miedos y rompe nuestros encierros

“La Voz de San Justo”, domingo 19 de abril de 2020

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».” (Jn 20, 19).

Así comienza el evangelio de este domingo. La imagen de una comunidad encerrada, por miedo, es potente. Y muy actual. Así parecemos estar nosotros en esta cuarentena: encerrados y miedosos, dominados por la incertidumbre.

Hasta esa comunidad de miedosos llega Jesús. E irrumpe con su Paz. Hace tres cosas: comunica su propio Aliento (el Espíritu), muestra las cicatrices de sus manos y su costado y, por último, asigna una misión: llevar el perdón a todos.

Esa es la experiencia cristiana. No solo de los primeros discípulos. Es actual. El Evangelio nos lo recuerda y hace que emerja, una y otra vez. De paso señalo que esta es la página evangélica que solemos leer en las confirmaciones.

El Aliento de Cristo resucitado sigue generando vida y misión. Es Aliento para la vida.

Pero, ¿por qué el perdón? Se pueden dar muchas respuestas. Yo elijo una, que me parece pertinente en esta hora. Perdón quiere decir: darnos nuevas oportunidades para convivir, yendo más allá de tantas heridas que nos procuramos unos a otros.

¿No es algo que estamos aprendiendo en esta emergencia sanitaria? ¿No nos hemos visto sorpresivamente frágiles, vulnerables, heridos y necesitados de los demás? ¿No hemos tenido que guardarnos para cuidar la vida de todos?

No sé, a ciencia cierta, si de esta emergencia que afecta a toda la humanidad vamos a salir mejores. “Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”, reza sabiamente el dicho. Lo recordaba días pasados, en una entrevista, el teólogo catalán Ignacio González Faus. Y, con notable perspicacia, añadía: “Debemos reconocer que, por muy progres y modernos que nos creamos, no tenemos aprobada la asignatura más elemental de la vida: saber convivir, saber soportarnos, ayudarnos y respetarnos, saber ceder unas veces yo y otras tú… Por supuesto, es una asignatura muy difícil, pero también muy primaria.”

En este segundo domingo de Pascua, llamado también “de la misericordia”, tal vez sea bueno reflexionar sobre ello.