En voz alta

“La Voz de San Justo”, domingo 21 de junio de 2020

“No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.” (Mt 10, 26-27).

Es posible que esta pandemia esté acelerando procesos que venían dándose desde hace tiempo. No es la primera ni será la última vez que ocurra algo similar. ¿Pasa algo así con la fe cristiana? Estimo que sí. Por ahora, todos estamos como expectantes. Sentimos que los procesos en marcha están tomando un giro cuyo curso todavía no se define del todo.

Evoco estas palabras de Jesús, porque, por encima de todos los cambios y transformaciones, nos señalan algo que el cristianismo lleva en las entrañas: su vocación a la visibilidad, a la comunicación, a la palabra que se hace audible y perceptible. Mucho más cuando, como en estos tiempos, existe la tentación en muchos cristianos de recluirse, levantando muros para dejar fuera al mundo “pecador”…

La vocación de la comunidad de discípulos de Jesús, Palabra de Dios encarnada, es la intemperie, la plaza pública, los lugares por donde circulan las palabras que animan, sacuden y miran al futuro. Testigos del Logos y servidores del diálogo.