La bandera del arco iris

La bandera del arco iris representa a la comunidad LGTBQI+ y sus reclamos.

Más que verla ondear en sitios oficiales, creo que resulta de mayor eficacia atender a esos reclamos concretos, sobre todo a los de trabajo, salud, seguridad social y vivienda. Sin olvidar el compromiso por desterrar toda forma de violencia hacia las personas en razón de su orientación sexual.

Podemos estar en legítimo desacuerdo sobre algunas de sus expresiones y las ideas filosóficas que las sustentan. Esos debates no se zanjan de manera voluntarista, ni siquiera por la sanción de leyes. Requieren tiempo y paciencia para pensar, expresarse y dialogar.

Ya san Pablo VI, citando la enseñanza de “Mater et magistra”, nos recordaba a los católicos la necesidad de discernir las justas aspiraciones que expresan los distintos movimientos históricos de las doctrinas filosóficas que se vinculan a ellos, especialmente si incompatibles con la doctrina católica (cf. OA 30). Es lo que pasa hoy con las distintas corrientes del “gender”, por ejemplo.

En lo que sí podemos y debemos converger es en el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano como persona. La democracia se afirma o se desmorona en el reconocimiento o no de ese principio basilar.

Para los creyentes, cada persona es imagen de Dios. Los cristianos además somos invitados a reconocer en cada ser humano, especialmente si frágil y vilipendiado, a Cristo mismo.

Todos tenemos ser tratados con “respeto, compasión y delicadeza”, como sabiamente enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (n° 2358).

Esa será siempre la opción del humanismo cristiano de la tradición católica que se inspira en el Evangelio.