Carta pastoral

“Todos ustedes son hermanos” (Mt 28,3)

UNA IGLESIA-FAMILIA QUE CAMINA, ORA Y ANUNCIA

Carta pastoral del obispo Sergio O. Buenanueva

4 de octubre de 2019

Fiesta de San Francisco de Asís

A las comunidades y fieles de la Iglesia diocesana de San Francisco.

¡Paz y Bien!

  1. ¿Qué quiere el Señor de nuestra Iglesia diocesana, en este momento y a través de los acontecimientos que estamos viviendo? ¿Qué pasos de conversión nos está pidiendo?
  2. El pasado 31 de mayo, con estas preguntas como encabezado, dirigía sendas cartas a los presbíteros, consejos parroquiales de pastoral y equipos coordinadores de movimientos y asociaciones de la diócesis. Más que por el obispo, los invitaba a dejarnos interrogar por Dios que nos habla a través de lo que vivimos. Él nos habla con esa Palabra viva que es Cristo resucitado. Lo escuchamos cuando ponemos un oído en el Evangelio y el otro en el pueblo, como decía el beato Angelelli.
  3. En realidad, en esos términos u otros parecidos, esas preguntas expresan la búsqueda permanente de una Iglesia diocesana viva. De esa forma, ella se descubre sujeto responsable de la fe y de la misión. Hacen a su identidad profunda: hay Iglesia allí donde se hace espacio a la llamada de Dios y una comunidad, así interpelada, responde como María o el profeta: ¡Aquí estamos, Señor, envíanos!
  4. Los sacerdotes y demás organismos y espacios pastorales han destinado un tiempo generoso para responder. Con el Colegio de Consultores hemos repasado los aportes de los Decanatos. El Consejo Diocesano de Pastoral y el Equipo de Animación han ayudado a revisar todo. El pasado sábado 14 de septiembre, con los dos Consejos de la diócesis (de Pastoral y Presbiteral) dedicamos una mañana de oración, escucha y participación para revisar estos aportes.
  5. Ante todo, doy gracias a Dios por este camino que estamos transitando como diócesis. Una vez más, he sido testigo de la vitalidad y de la pasión evangelizadora de esa rica red de comunidades, vocaciones, carismas y ministerios que es la Iglesia de San Francisco. La fe cristiana está viva entre nosotros. La semilla sembrada por quienes nos han precedido sigue dando fruto. Es don del Dios agricultor, pero también de quienes se sienten llamados a colaborar en su siembra. Les doy gracias a cada uno de ustedes por el empeño y dedicación que han puesto para responder, tomando en serio esta interpelación como una genuina llamada a la conversión.

*     *     *

  • Por medio de estas líneas quisiera ofrecerles algunas orientaciones pastorales a partir de los aportes que ustedes han hecho. Recogen lo que hemos podido discernir como Iglesia diocesana. Finalmente, les quiero hacer una propuesta para los meses que tenemos por delante. Me permito recordar aquí que, todo genuino discernimiento de la Voluntad de Dios no se hace de una vez y para siempre. Supone una disponibilidad y apertura que hay que renovar cada día. Se trata de escuchar, obedecer y vivir la Palabra de Dios. Esa es la actitud de fondo que les invito a cultivar.

1. La experiencia del encuentro con Jesucristo vivo

  • Aunque no ha aparecido en los aportes, quisiera evocar la imagen de una inestimable gracia que el Señor nos ha regalado este año: los jóvenes de las diócesis de Córdoba reunidos en San Francisco, orando ante el Santísimo Sacramento. Fue a fines de mayo, durante el IIº Encuentro Regional de Jóvenes. Si tenemos que escuchar la voz de Dios a través de lo que vivimos, este acontecimiento es una fuerte palabra suya para nosotros. En esa imagen veo reflejado nuestro desafío pastoral más hondo como Iglesia: ser lugar de encuentro con Jesucristo vivo, experiencia fundante que determina la vida. Iríamos por mal camino si todo este discernimiento tuviera como meta solo una reorganización de estructuras, metodologías o espacios de poder. A los hombres y mujeres de hoy, especialmente a los jóvenes, no les ofrecemos una simple contención, sino a Jesús, su Evangelio y su Espíritu. Eso es la Iglesia: espacio para experimentar al Dios vivo y verdadero. Eso es la Eucaristía: encuentro que conmueve, alegra el corazón y colma de esperanza. Es una experiencia que tiene que ver con nuestras preguntas más profundas y nuestra búsqueda de sentido, con nuestros miedos, inquietudes e ilusiones. No podemos perderlo de vista.

2. Iglesia en camino y en salida

  • Hace poco, en una radio, me preguntaron cómo está la Iglesia de San Francisco. Mi respuesta espontánea fue: “estamos caminando”. Releyendo los aportes de ustedes, esa imagen de una Iglesia “en camino” y “en salida” se me ha hecho más viva y patente. Soy testigo de ello: la misión viene abriéndose paso, sin prisa, pero sin pausa, desde dentro hacia fuera; tímidamente, pero también con una fuerza creciente que, en algunos casos, ya es imparable. Se trata de un don del Espíritu, pero también de una respuesta nuestra a ese regalo. Pastores, consagrados y laicos nos sentimos llamados a la misión, y así lo expresamos. Si es verdad que, por algunas situaciones concretas, hemos sentido una disminución de fuerzas apostólicas, por otro lado, este hecho ha despertado la corresponsabilidad de muchos. Consuela el corazón ver cómo los laicos se sienten llamados a tener una presencia adulta, activa y responsable en la vida y misión de nuestras comunidades cristianas.

3. En camino… no hemos llegado a la meta

  • Iglesia “en camino” quiere decir también que no hemos llegado todavía a la meta; que no podemos responder, a la vez y de forma completa, a todas las preguntas que la realidad nos presenta; que las más de las veces vamos tanteando el camino, como quien aprende a caminar o se interna por un sendero desconocido. Tenemos que aceptar que nuestras respuestas suelen ser parciales, provisorias y necesitadas de continua corrección. Por no mencionar el peso de la concupiscencia y del pecado que hacen más lento el caminar de todos. Esto es así, especialmente cuando nos engañamos creyendo que podemos caminar aislados, sin contar con los demás. No digo esto para desanimarnos, sino para redescubrir que el Buen Pastor resucitado está presente entre nosotros, precisamente para animarnos y levantarnos en este camino. Cuando el Verbo de Dios, por obra del Espíritu Santo, empieza a crecer como hombre en el vientre de María, comienza una experiencia nueva en la historia de la salvación: Dios aprende, paso a paso, a caminar como un ser humano. San Ireneo dice que, de esta manera, Dios hacía que el Espíritu Santo se fuera acostumbrando a estar entre los seres humanos para que, un día, continuara la obra iniciada por Cristo. Dios acompasa el ritmo de su marcha al ritmo más lento y torpe de sus creaturas. Más que llegar a la meta, lo que quiere es hacerse Peregrino y Compañero de camino de sus hijos. En realidad, más que llegar solo -como quien gana una carrera superando a los rezagados- lo que busca es que lleguemos todos, como familia, como hermanos y hermanas.

4. Cada bautizado y cada comunidad: sujeto activo de la fe y la evangelización

  1. El camino pastoral de nuestra diócesis, en las sucesivas versiones del Plan de Pastoral, nos ha ayudado a acrecentar la conciencia de ser, en cuanto Iglesia particular, sujeto activo y responsable de la evangelización. Esta conciencia va echando raíces en cada comunidad cristiana: parroquias, colegios, movimientos, asociaciones, grupos, equipos pastorales. Vuelvo a la imagen de la red: nuestra Iglesia de San Francisco es una red de comunidades que se sienten, cada una en su lugar y ante sus desafíos, como sujetos responsables del anuncio del Evangelio. En los aportes que han realizado se observa una triple insistencia que quiero también subrayar:
  2. La necesidad de seguir creciendo en comunión, participación y corresponsabilidad pastoral, tanto a nivel espiritual como a nivel operativo; la interacción de los diversos consejos diocesanos y parroquiales va creando un “estilo sinodal” de discernimiento y animación de la evangelización.
  3. La urgencia de potenciar el rol activo de los laicos en la misión común de evangelizar y que brota del bautismo y la confirmación.
  4. En este contexto más amplio de Iglesia comunión y pueblo de Dios, el ministerio apostólico del obispo y los presbíteros se ubica como un servicio imprescindible, pero necesitado de purificarse de toda forma de clericalismo.

Ha sido también unánime la positiva valoración de los pasos dados para incorporar, cuando el fruto esté maduro, a diáconos permanentes casados a la vida y misión de nuestra Iglesia. Yo añadiría también la urgencia de potenciar todas las formas de ministerialidad que varones y mujeres bautizados pueden asumir en la vida eclesial, también en la conducción pastoral de una comunidad.

5. El Presbiterio diocesano

  1. En una Iglesia, pueblo de Dios en camino, misionera y en salida, el Presbiterio diocesano (el obispo y todos los presbíteros, diocesanos y religiosos) tiene un rol fundamental. Ante todo, como obispo siento el deber de tener una palabra de reconocimiento, de gratitud y de aliento para nuestros sacerdotes. Cumplen su misión con entrega y generosidad, pero también con gran apertura a lo que la Providencia nos va mostrando a través de los acontecimientos que vivimos. No dejamos de sentirnos interpelados por ellos, en ocasiones, también un poco desconcertados. Nos hace mucho bien encontrarnos, rezar juntos, escuchando la Palabra de Dios y celebrando la Eucaristía con la reconciliación. Pero también el compartir fraterno que suponen momentos gratuitos de encuentro y de convivencia. Como Presbiterio sentimos la imperiosa necesidad de potenciar esos espacios de encuentro fraterno y de discernimiento de nuestra misión. Compartimos el dulce gozo de anunciar el Evangelio. Sentimos también la necesidad de afianzar una pastoral sacerdotal que nos ayude a vivir nuestro ministerio. También los pastores caminamos, aprendemos, nos cansamos y necesitamos ser acompañados y ayudados en nuestro peregrinar. No puedo dejar de decir una palabra sobre las vocaciones sacerdotales. Sé bien que a todos nos preocupan. Solo digo esto: volvamos al Evangelio, contemplemos a Jesús y hagamos como Él. No hay que esperar a que las vocaciones apostólicas vengan. Hay que salir a buscarlas. Es lo que el Señor hizo con Simón y Andrés, Santiago y Juan… También con nosotros.

6. Iglesia pobre para los pobres

  1. Un último punto importante: estamos llamados a ser una Iglesia pobre para los pobres. En nuestros diálogos recientes no ha salido con tanta fuerza esta dimensión fundamental del Evangelio y de la misión de la Iglesia. Como obispo siento el deber de indicar que aquí se juega nuestra fidelidad al Señor. Los rostros de la pobreza entre nosotros son muchos y variados. Algunos reflejan carencias fundamentales como la falta de trabajo, de techo o de educación. No puedo dejar de mencionar el abandono o soledad de los ancianos. Otros, son las nuevas formas de la pobreza, y tienen que ver con la desesperanza que anida en los corazones y toma la forma, por ejemplo, de diversas adicciones o formas autodestructivas de vivir. En nuestras comunidades, a través de Caritas y otras iniciativas, mucho se hace en este campo. Sinceramente creo que tenemos que sentirnos interpelados a vivir más intensamente la opción preferencial por los pobres, también reflejándola en nuestro estilo de vida.

*     *     *

  1. Hasta aquí lo que ha resonado en mí al repasar sus aportes. Quisiera, a continuación, hacerles una propuesta hacia delante. Para comprender su alcance, me parece oportuno decir que, según lo teníamos programado, al ir concluyendo este año 2019, íbamos a presentar el trienio 2020-2021 como un camino hacia el 1º Sínodo de la Diócesis de San Francisco. En un borrador habíamos caracterizado qué metas proponernos en cada uno de esos años hasta llegar a la celebración propiamente dicha del Sínodo diocesano.
  2. Sin embargo, y en atención al proceso que venimos llevando, me ha parecido oportuno ralentizar nuestro camino. Es verdad que se hace camino al andar, pero, en ocasiones, es aconsejable privilegiar algunas instancias particulares. No es que vamos a frenar nuestro camino. Lo que quisiera proponerles es intensificar algunas dimensiones fundamentales de nuestra vida eclesial a fin de que, cuando llegue el momento oportuno, retomemos este proyecto en los términos programados u otros que nos resulten más oportunos.
  3. Les propongo entonces que, en los próximos meses y durante todo el año 2020, Dios mediante, sea un tiempo especial para acentuar tres formas fundamentales de CERCANÍA en las que se juega nuestra identidad como Iglesia, porque en ellas crece y se arraiga la experiencia de la fe:
  4. Cercanía con Dios a través de una vida de oración más intensa en la escucha de la Palabra, el silencio orante y el arte de celebrar el Misterio de Cristo en la liturgia. La vocación y misión de la Iglesia es ser espacio de adoración en medio del mundo.
  5. Cercanía entre nosotros, priorizando fraternidad bajo la forma de la escucha, el consuelo y el acompañamiento recíproco. En todo este tiempo ha quedado patente el valor que tiene abrir espacios de escuchar real entre quienes, de esa manera, se reconocen hermanos que caminan juntos. Necesitamos crecer en esta calidad de vínculos personales y comunitarios, poniendo nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios.
  6. Cercanía misionera con todos, especialmente los más alejados, que se verifica, de modo especialmente intenso y rico, en la pastoral ordinaria. Es en el encuentro cara a cara con las personas que logramos comunicar con nuestra vida la alegría del Evangelio. Y, llegado el caso, también por medio de palabras.
  7. Esta propuesta que les hago me interpela y compromete a mí, en primer lugar, como su obispo. El ministerio episcopal se juega, sobre todo, en la oración ferviente y el anuncio del Evangelio. De esta triple cercanía que he señalado, la segunda me compromete de manera especial. Estoy llevando a cabo, por este tiempo, una nueva serie de diálogos personales con los sacerdotes de la diócesis. Una vez concluida, y con ayuda del Equipo de Formación permanente, quisiera programar para los meses iniciales del próximo año una nueva ronda de diálogos personales, incluyendo también encuentros del obispo con los sacerdotes por decanato, como también los encuentros generales de Presbiterio. De la misma manera, y con ayuda del Consejo Diocesano de Pastoral, quisiera programar una serie de encuentros con los Consejos Parroquiales de Pastoral y otros espacios pastorales de la diócesis (equipos, movimientos y asociaciones), privilegiando la escucha y el discernimiento de la Voluntad de Dios para nosotros. Para el año 2020 tengo programadas cuatro visitas pastorales. En 2021 concluiré, Dios mediante, la visita a las treinta parroquias de la diócesis. También estas Visitas son un momento privilegiado para la escucha y ese “echar leña al fuego” que es la misión propia del obispo.
  8. Quisiera destacar también el valor fundamental e insustituible de la pastoral ordinaria. Me refiero al día a día de nuestras parroquias y otros espacios pastorales. Allí se vive la misión de forma concreta en el encuentro, cara a cara, persona a persona, con las más diversas realidades. Allí se experimenta una Iglesia que camina y está “en salida” misionera. Allí acontece lo extraordinario de la fe: el mundo se abre a Dios en el gesto cotidiano de cada bautizado, animado por el Espíritu y la caridad de Cristo. Con el impulso del Año Mariano 2018 y el Año Misionero 2019, vamos a iniciar, con el resto de las diócesis argentinas un Año Mariano Nacional. La figura de María -lo sabemos por experiencia- es inspiradora para vivir la fe en lo cotidiano de la vida. María nos enseña a orar, a ser servidores unos de otros, a estar junto al que sufre, a cantar las grandezas del Señor. Ella inspira nuestra pastoral ordinaria.
  9. Somos una Iglesia-familia que camina, ora y anuncia. Es un camino que hacemos como familia, como hermanos y peregrinos, y que transitamos en la acción pastoral de todos los días. Sabemos que el Señor resucitado, como en Emaús, camina con nosotros, nos hace sentir su Presencia y nos consuela el corazón para ser testigos de su Evangelio. María nos precede, con los santos que son nuestros amigos y modelos. A ellos les confiamos el caminar de nuestra Iglesia diocesana. En primer lugar, a San Francisco de Asís en cuya fiesta publico esta Carta. Enamorado de Jesús, se identificó con él de manera insuperable. Así nos lo recuerda su imagen en nuestra catedral. Es además modelo de hermano: cercano, humilde, franco y alegre. Esta herencia franciscana de fraternidad nos interpela a todos. Los invito a convocar también con nuestra oración a los santos y beatos cordobeses: Brochero, Madre Tránsito y Madre Catalina, Angelelli y compañeros mártires. Contamos con ellos para crecer como Iglesia-familia, espacio abierto donde todos puedan experimentar las entrañas de misericordia de nuestro Dios.
+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco

Con mi afecto y bendición,

Visita “ad limina”: Misa en San Pedro y encuentro con el Santo Padre

Roma, 16 de mayo de 2019

A los fieles y comunidades
de la Iglesia diocesana de San Francisco.

Queridos hermanos y amigos:

Estamos terminando la Visita “ad limina”. En el día de hoy hemos tenido una jornada verdaderamente culminante: la Eucaristía celebrada en la basílica de San Pedro junto al sepulcro del Apóstol y, por espacio de dos horas, el encuentro con el obispo de Roma, el Papa Francisco.

A lo largo de los días pasados, hasta este sábado, tienen lugar los encuentros con los colaboradores del Papa. Con distinta intensidad y profundidad repasamos algunos temas fundamentales para la vida y misión de la Iglesia. Traemos algunas preguntas e inquietudes, escuchamos e intercambiamos opiniones, criterios, logros y desafíos.

Somos pastores no técnicos ni empresarios, aunque no podemos olvidar la complejidad de los temas que se van poniendo sobre la mesa. Por eso, la escucha recíproca es fundamental. La fe nos ofrece una luz poderosa para afinar la mirada.

Un tema recurrente que ha ido emergiendo en los diversos encuentros es el conjunto de desafíos que supone vivir y comunicar el Evangelio en medio de un cambio cultural muy fuerte.

Al menos a mí me estimula mucho ser parte de una Iglesia inquieta, que se sabe portadora de un don inmenso de Verdad, de Bondad y de Belleza. Viene de Dios: es su Hijo Jesucristo y su Evangelio.
Incluso el constatar nuestras carencias, límites o yerros, tanto la experiencia eclesial que traemos desde Argentina, como la que madura aquí, en este bullicioso cruce de caminos que es Roma, nos muestra a una Iglesia abierta a la acción del Espíritu. Una Iglesia en camino.

Al celebrar la Eucaristía junto a la tumba de Pedro, con mis hermanos obispos, supliqué con fervor para nuestra Iglesia diocesana la fe firme y gozosa de los Apóstoles, su ardor misionero y su mirada sobrenatural sobre todo lo que nos toca vivir.

El encuentro con el Santo Padre fue una honda experiencia de fe. Estuvimos con Pedro. Y él confirmó nuestra fe. Personalmente viví ese momento con un gran gozo interior. Un obispo mayor y más experimentado señaló con acierto: “Hemos abordado con el Papa Francisco temas que nunca habíamos podido hablar así con un Papa”.

Francisco está muy bien, tanto desde un punto de vista físico como, sobre todo, espiritual y mental. Me impresionó una respuesta del Santo Padre. Cuando un hermano le preguntó que era lo mejor que vivía, Francisco respondió con sencillez y franqueza: Créanme que siento la presencia y asistencia del Señor en su Iglesia. El Señor está. Hay dificultades muy graves (hablamos de muchas de ellas), pero hay tanta santidad en la Iglesia. La santidad ‘de la puerta de al lado’… Tanta gente santa…

Claro que repasamos varios temas: cómo seguir creciendo en una Iglesia sinodal, la crisis de los abusos, el paciente trabajo pastoral de curar las heridas del odio, lo que significa una Iglesia misionera que sale a buscar con amor y creatividad, la misión del obispo como padre y su vida de oración, la riqueza de la piedad popular, lo importante de estar con los jóvenes, de servir a los pobres, la formación en los seminarios, las críticas y resistencias al Papa, el peligro de las ideologías, etc.

No hubo, sin embargo, una mirada amargada o quejosa. Incluso los temas más espinosos y difíciles, fueron abordados con serenidad, dejando así espacio a la paz que Dios sabe dar también en medio de las pruebas.

Ante nuestra insistencia nos ratificó su firme intención de venir a la Argentina en visita pastoral. Lo necesitamos y nos hará mucho bien. No podemos señalar fechas pero sí la necesidad y el carácter pastoral de su visita.

Bueno, hasta aquí lo que me sale contarles. No quería terminar esta intensa jornada sin compartir con ustedes estas vivencias. Me han hecho mucho bien a mí y, como su obispo, me siento con el deber de hacerlos partícipes de estos regalos del Señor. Mucho queda en el corazón. Confío pues en aquello que dice el Señor: “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34).

Saludos y hasta la semana que viene.

+Sergio Buenanueva

Vivamos con alegría la gracia de la beatificación

Declaración de los obispos de Córdoba sobre la beatificación de Monseñor Angelelli y compañeros mártires.

Como cada año, para esta misma fecha, los obispos de las seis diócesis de Córdoba hemos peregrinado al Santuario del Santo Cura Brochero.

Aquí hemos rezado y celebrado la Eucaristía. Junto a laicos, consagrados y pastores, hemos repasado varios aspectos de la vida de nuestras Iglesias diocesanas.

Damos gracias a Dios por la vitalidad de la fe de nuestras comunidades, por su pasión evangelizadora y el anhelo de santidad que despierta el Espíritu.

Aquí, bajo la mirada de la Purísima se oye más nítida la música del Evangelio predicado por San José Gabriel y del que nosotros somos servidores.

De la mirada sobre la vida de nuestras Iglesias diocesanas que hemos compartido, queremos destacar una gracia de Dios para su pueblo: la inminente beatificación del obispo Enrique Angelelli, de los sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos Murias, y del laico Wenceslao Pedernera. Dos de ellos (Angelelli y Murias), hijos de esta tierra cordobesa.

Su sangre fue derramada por fidelidad al Evangelio. En medio de una de las noches más oscuras en la vida de nuestra Patria, el amor a Cristo los llevó a estar junto a los más pobres. Eligieron ser hermanos cuando algunos preferían volverse enemigos.

Cuando miramos la vida de los santos -enseña el Papa Francisco- lo “que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona”. (GeE 22).

¿Qué nos dicen las figuras de Angelelli y sus compañeros? ¿Qué Palabra de Dios para nosotros está esperándonos ahí? ¿Qué semilla de justicia y reconciliación ha sido sembrada en nuestra tierra con sus vidas?

Su amor a los pobres y su identificación con Cristo humillado, paciente y manso en medio de una creciente espiral de violencia, constituyen un elocuente mensaje para vivir el hoy de nuestra fe y responsabilidad en la construcción de la sociedad.

Como ha ocurrido tantas veces en la historia de la Iglesia, la Providencia unió en el martirio a pastores, laicos y consagrados. Es gracia que viene de Dios y es para todos. Alegra el corazón, nos invita a la conversión y reaviva el fuego de la pasión evangelizadora.

Queremos, por tanto, alentar a cada bautizado y a cada una de nuestras comunidades a vivir intensamente la gracia de esta beatificaión que tendrá lugar el próximo sábado 27 de abril por la mañana en la ciudad de La Rioja.

Que la Purísima, el Santo Cura Brochero y los futuros beatos mártires sigan animando e inspirando con su cercanía el caminar de nuestras Iglesias.

Con nuestra bendición,

Villa Cura Brochero
27 de Febrero de 2019

Los obispos de Córdoba
+ Carlos Ñañez, arzobispo de Córdoba
+ Adolfo Uriona, obispo de Río Cuarto
+ Samuel Jofré, obispo de Villa María
+ Sergio Buenanueva, obispo de San Francisco
+ Ricardo Araya, obispo de Cruz del Eje
+ Gustavo Zurbriggen, obispo prelado de Deán Funes
+ Pedro Torres, obispo auxiliar de Córdoba
+Ricardo Seirutti, obispo auxiliar de Córdoba

CON VOS, MARÍA, MISIONEROS DEL EVANGELIO

Carta pastoral del obispo Sergio O. Buenanueva

Orientaciones para el Año Misionero Diocesano 2019

Queridos hermanos:

Que el Espíritu los colme de alegría y paz en el Señor.

El pasado 8 de diciembre clausurábamos el Año Mariano Diocesano. Ahora, según nuestra programación, tenemos por delante un Año Misionero Diocesano. Vamos así dando pasos en la aplicación de nuestro Plan de Pastoral.

En las líneas que siguen les ofrezco algunas orientaciones pastorales sencillas para vivirlo intensamente. Espero que sean aprovechables.

Del Año Mariano al Año Misionero

Al convocar el Año Mariano los había invitado a sentirnos visitados por María. ¿Ha sido esa nuestra experiencia? Hemos vivido momentos muy intensos: celebraciones compartidas, las peregrinaciones al Santuario de la Virgencita o a otros templos marianos, jornadas, retiros, la Semana Mariana. María ha pasado, una vez más, por nuestras vidas, reavivando la fe en Jesús, la pertenencia a su Iglesia y el deseo de vivir según el Evangelio. Los humildes, los mansos y los pobres han sido los más sabios para reconocer su presencia materna.

Es bueno que también podamos preguntarnos por las gracias que el Señor nos ha hecho, sea como personas, como comunidad y también como Iglesia diocesana.

Me animo a compartir algo de lo que yo mismo he experimentado. Me ha tocado estar presente en muchos de esos momentos evocados. Varias veces visité el Santuario. Pude ver también el paso de las réplicas de la Virgencita por varias comunidades cristianas. Si tuviera que recoger y expresar lo vivido, lo haría con una palabra: ALEGRÍA.

Siempre me ha llamado la atención que la Iglesia, al concluir una jornada de trabajo, nos invita a cantar con María: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora” (Lc 1,46-48). Una jovencita embarazada y feliz, cantando y alabando al Señor. Si María tuviera Facebook o Instagram, esa sería -así lo imagino- la foto de su perfil. No en vano, la invocamos: “causa de nuestra alegría”.

En todo caso, esa es la mejor imagen de una Iglesia misionera “en salida”. La misión no es un programa de publicidad para posicionarse en el mercado y vender un producto. Es alegría que no se puede contener, porque Dios nos ha tratado con misericordia, lo hemos podido reconocer y experimentar en nuestra propia vida. Hay que salir a contar lo vivido. Hacer fiesta, ponerle palabras al don recibido e invitar a otros a compartirlo. Contar y cantar: ¡hermoso programa!

Pasar del Año Mariano al Año Misionero es un paso lógico que damos como Iglesia diocesana.

Con vos, María, misioneros del Evangelio

Por eso, el lema de este Año Misionero Diocesano ha querido recoger esta experiencia: “Con vos, María, misioneros del Evangelio”.

Nos hemos propuesto este ambicioso objetivo: “Promover la conciencia misionera que surge del bautismo-confirmación a fin de revitalizar una Iglesia diocesana en Misión según el modelo mariano de la Visitación y de los Hechos de los Apóstoles”. Lo comento brevemente:

  1. Conciencia misionera. Dicho de manera sencilla suena así: date cuenta de que ya está en vos el fuego de la misión. Este año es para ver más claro que hemos recibido este don del Dios Amor que es también un Dios misionero: el Padre envió al Hijo; Padre e Hijo soplaron el Espíritu Santo. Se trata entonces de descubrir un don que te habita, no algo que te viene desde fuera como impuesto. Otra imagen: reavivar un fuego que ya está encendido. Cada comunidad cristiana tiene esa misión. Cómo me gusta decir cuando inicio una visita pastoral: “el obispo ha venido para echar leña al fuego”.
  2. Bautismo-Confirmación. Dos sacramentos que, en cierto modo, son uno solo: el gran don del Dios Misionero que nos sumerge en su vida de amor compartido y nos alienta con su Espíritu para que encendamos el mundo con su mismo fuego de amor. En estos años hemos dedicado un gran esfuerzo para revisar la Iniciación Cristiana que ofrecen nuestras comunidades. Junto con la Eucaristía, que es su culmen, estos dos sacramentos son precisamente los sacramentos que ponen los fundamentos de nuestra identidad como discípulos misioneros de Jesús. ¿Qué podemos hacer a lo largo de este Año para redescubrir toda la potencia misionera que encierran?
  3. Iglesia diocesana en Misión. Los sacramentos edifican la Iglesia como comunidad viva y misionera. ¿Estamos conformes con el dinamismo misionero de nuestra diócesis, del obispo, de los pastores y agentes de evangelización? Sería injusto si respondiéramos con una negativa rotunda. Yendo de aquí para allá, podemos observar con alegría cómo la anhelada “conversión misionera” está tomando fuerza en muchos corazones e iniciativas pastorales. ¿Cómo podemos potenciar el ardor evangelizador de nuestra Iglesia y su conversión pastoral? ¿Qué pasos de conversión tenemos que dar para crecer como Iglesia en salida? Este año, el Santo Padre nos ha convocado a vivir un octubre misionero especial. Vamos a vivirlo intensamente en nuestra diócesis.
  4. Visitación. Sigámonos inspirando en María. Como ya señalé, el relato evangélico de la Visitación (cf. Lc 1, 39-56) es el mejor tratado de misionología. Volvamos a él, sobre todo, cuando sintamos alguna forma de cansancio o, peor aún, cuando observemos que la misión ya no es la primera preocupación de nuestra vida. El anuncio del Evangelio que despierta la fe en Jesús es la primera prioridad y el desafío fundamental de la Iglesia. Jesús fue enviado a los pobres; María fue corriendo a socorrer a Isabel en su vulnerabilidad, ¿cómo vivimos nosotros la opción de Jesús por los más pobres, débiles y sufrientes?
  5. Hechos de los Apóstoles. Desde los últimos días de la Cuaresma y durante toda la Cincuentena pascual, la liturgia de la Iglesia nos ofrece la posibilidad de releer esta página fundamental del Nuevo Testamento. El Espíritu que impulsó toda la misión de Jesús, ahora se desborda sobre la comunidad apostólica reunida en el Cenáculo. Se pone así en marcha el camino de la Iglesia misionera. No solo durante la Pascua, sino a lo largo de todo este año, que el libro de los Hechos sea nuestro texto de cabecera. No relata algo ya pasado. Nos abre los ojos para ver lo que ahora el Espíritu está haciendo entre nosotros: sacarnos de nuestros miedos y comodidades, enamorarnos de Jesús y su Evangelio y lanzarnos a la misión. 

El lema: “Con vos, María, misioneros del Evangelio” recoge todo esto. María camina con nosotros. La misión no es una aventura individual ni una tarea para especialistas. Es la forma de vida normal de un bautizado y de una comunidad cristiana. Lo han vivido así los santos: Francisco de Asís, Brochero, Mamá Antula, Angelelli y tantos otros. Cada domingo, la Eucaristía nos nutre y nos envía con el Espíritu de Jesús. No estamos solos en este camino.

Animémonos pues a caminar este Año Misionero Diocesano con la confianza puesta en la misericordia de Dios. Una Iglesia misionera es también una Iglesia libre que, como María, escucha la Palabra, ora, canta y camina.

San Francisco, 2 de febrero de 2019

Fiesta de la Presentación del Señor, la Virgen de la Luz

+ Sergio O. Buenanueva
Obispo de San Francisco

Una Iglesia misionera, pobre y solidaria

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https://youtu.be/-2Uyk7G7PeM

 

Carta Pastoral del Obispo Sergio O. Buenanueva

San Francisco, 11 de noviembre de 2018

A los fieles católicos de la Diócesis de San Francisco.

Queridos hermanos y amigos:

¡Paz y Bien para todos!

Los obispos argentinos acabamos de concluir nuestra última reunión del año: la 116ª Asamblea Plenaria.

Como siempre, hemos abordado varios temas de la vida de nuestra Iglesia y de nuestro querido país.

Quiero decirles, ante todo, que ha sido un momento muy intenso de fraternidad, oración y discernimiento. Le doy gracias a Dios por ello.

Entre los muchos temas que hemos abordado, uno ha concitado la atención de los medios de comunicación, incluso antes de que empezáramos. Se trata del diálogo que venimos teniendo, desde la Conferencia Episcopal, con el Gobierno sobre los aportes del Estado Nacional al sostenimiento de la Iglesia que, cada año, forman parte del Presupuesto que aprueba el Congreso de la Nación.

Este año que se termina, como pocas veces, ha visto un fuerte debate sobre la legitimidad de esos fondos que el Estado destina a la Iglesia Católica.

En nuestra Asamblea, reservamos un tiempo generoso a este tema. Ante todo, para informarnos del estado actual del diálogo con el Gobierno. Abierto el intercambio, avanzamos en varios puntos, para terminar, tomando algunas decisiones importantes.

De esto quiero hablarles.

Ante todo, decirles que el diálogo que tuvimos los obispos ha sido muy bueno. Tuvimos que darnos tiempo, no solo para informarnos, sino también para ahondar una mirada evangélica sobre este tema.

En definitiva, de lo que se trata, es de discernir qué quiere el Señor de su Iglesia, aquí en Argentina con nuestra historia, logros, defectos y dificultades.

Esto ha sido realmente muy consolador: hemos escuchado al Señor que nos invita a la confianza, audacia y valentía del Evangelio. Nos sentimos gozosamente llamados a ser una Iglesia misionera, pobre y para los pobres. Nos hemos visto cálidamente urgidos a vivir a fondo la solidaridad, el compartir bienes, talentos, carismas.

Todo esto nos ha hecho mucho bien. Aquí, incorporo una reflexión muy personal. El único escrito que ha salido de nuestra Asamblea es la declaración: “Pascua riojana, alegría de toda la Iglesia”.

Es nuestra lectura creyente y de pastores de esa gracia que Dios nos está haciendo con la próxima beatificación de los cuatro mártires riojanos: el obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longeville y el laico Wenceslao Pedernera.

Pienso que esa palabra fuerte de Dios que es siempre la entrega de los mártires, escuchada y rubricada solemnemente por la Iglesia, nos está indicando el camino a seguir.

Los mártires son siempre, en la diversidad de circunstancias concretas de su ofrenda sacrificial, testigos de la libertad de Cristo frente a los poderes del mundo. Ellos llevan hasta sus últimas consecuencias la potencia transformadora del primer mandamiento: solo Dios es el Señor, lo amarás con todo el corazón y sobre todas las cosas… Y al prójimo, como a vos mismo.

Estimulados por este ejemplo, hemos tomado algunas decisiones importantes, a saber:

  1. Ante todo, dar nuestra aprobación para que prosigan los diálogos con el Gobierno en orden a una progresiva disminución – hasta su desaparición – de este aporte del Estado a la Iglesia (el Presupuesto de Culto). El Gobierno nacional, por su parte se ha comprometido a desarrollar algunos instrumentos para facilitar que los fieles católicos puedan seguir aportando al sostenimiento de la Iglesia.
  2. Crear una Comisión Episcopal para pensar mejor, y de manera más integral, el sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia en Argentina, atenta, especialmente, a desarrollar los instrumentos aptos para reemplazar el aporte del Estado que irá disminuyendo.
  3. En orden a esto, crear ya mismo un Fondo Solidario que vaya recogiendo el aporte de todos para suplir los recursos que hasta ahora han ido viniendo del Presupuesto de Culto. Algunas diócesis ya han declarado estar en condiciones de iniciar la formación de este Fondo. Otras nos iremos sumando en breve. Cada una según sus posibilidades.

Llegados a este punto surgen algunas preguntas importantes.

El Estado dejará esta forma – bastante anacrónica, por cierto – de aportar a la misión de la Iglesia. Podemos, sin embargo, preguntarnos: el Estado, en cualquiera de sus niveles, ¿puede desentenderse sin más de las actividades religiosas de los ciudadanos? La respuesta es clara: no, no puede. Es su deber interesarse activa y concretamente de todo lo que es un  interés legítimo de los ciudadanos, sea en áreas culturales, artísticas, solidarias o deportivas. También en las religiosas. El Estado debe cuidar y promover los valores espirituales y éticos de los ciudadanos, pues, por sí mismo, no los puede generar, menos aún imponer.

Por eso no hablamos de una “renuncia”. Esta podría ser un gesto clamoroso pero, a la larga, injusto y nocivo. Los ciudadanos tenemos que ayudar al Estado a cumplir su misión de servicio a la sociedad y ciudadanos reales del país.

En segundo lugar, la pregunta que nos atañe a nosotros, los católicos. Más en concreto: a nosotros, católicos de la diócesis de San Francisco que vivimos nuestra fe y edificamos nuestras comunidades cristianas en una zona próspera de Córdoba y de Argentina. La formulo así: ¿No tendríamos que intensificar nuestra solidaridad, compartiendo con más generosidad lo que Dios nos ha regalado: recursos, carismas, tiempo y talentos?

El “genio piamontés” también se siente en nuestras parroquias y comunidades: por lo general, con finanzas ordenadas, sin lujos ni excesos, pero con necesidades básicamente satisfechas.

Obviamente, siempre tendremos que estar atentos a no dejarnos tomar por la “idolatría del dinero’, olvidando la cultura del trabajo, la responsabilidad social por el bien común y el valor de la producción por encima de la renta y la especulación; valores que hemos legado de nuestros mayores.

El Estado podrá seguir ayudando o no, lo cierto es que nuestra Iglesia seguirá dando lo mejor de sí al servicio del Evangelio y, de manera especial, de los más pobres. Como la viuda pobre y sus dos moneditas de cobre del Evangelio de este domingo.

Nosotros no podemos desentendernos de nuestros hermanos más necesitados. No podemos encerrarnos en nuestro bienestar. La vida de las Iglesias hermanas es también nuestra preocupación. Ya tenemos la formidable experiencia de “Más por Menos”. ¿No tendríamos que potenciarla? ¿Cómo contribuirá nuestra Iglesia diocesana al Fondo Solidario de la CEA?

La motivación que tenemos los cristianos para compartir nuestras vidas y bienes es la más alta: el amor de Cristo. Así lo hemos expresado también en nuestro Plan de Pastoral. Hemos aprendido a dar pasos en comunión y participación. Este capítulo reclama también un camino común de discernimiento y acción.

Gracias por su atención. Les confío estás reflexiones salidas del corazón. Ojalá puedan aprovechar y compartir lo que estas palabras del obispo suscitan en ustedes.

Le pido a la Virgen y a San Francisco que nos sigan bendiciones,

Firma 2

 

 

 

 

+ Sergio Buenanueva

Obispo de San Francisco

 

 

 

 

Carta Abierta de los Obispos de la provincia de Córdoba

WhatsApp Image 2018-07-25 at 17.55.49.jpeg“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”(Jn 10.10)

En 1983, a poco de haber retomado el camino de la democracia, los obispos argentinos publicaban el documento “Dios, el hombre y la conciencia”. Estábamos saliendo de un período oscuro: pocas veces en la historia joven de nuestro país se había avasallado la dignidad de la vida como entonces. Los obispos nos invitaban a reconstruir nuestra Nación a partir de sus bases morales y culturales más profundas. Proponían para ello un examen de conciencia (que en la actualidad sigue siendo necesario) para que cada uno pudiera identificar su responsabilidad y un compromiso nuevo con la dignidad de todo hombre.

Hoy vivimos en democracia. Podemos así expresarnos con libertad, e incluso peticionar a nuestros gobernantes para que tengan en cuenta los legítimos puntos de vista de los ciudadanos. Los que profesamos la fe católica, como la mayoría de los argentinos, queremos la justicia, la paz, el bien común, una vida plena y digna para todos.

Los obispos de las seis diócesis presentes en el territorio cordobés, sentimos el deber de expresarnos acerca de la propuesta de los senadores de nuestra provincia sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Dicha ley cuenta con la media sanción de Diputados, y los senadores tienen la grave responsabilidad de dar su voto sobre ella. A nadie se le oculta la importancia, complejidad y gravedad de la materia sobre la que están legislando: la dignidad de la vida, tanto del ser humano en gestación como de la madre gestante.

Por las mismas razones, nosotros, como pastores y ciudadanos, sentimos también el deber de hacerles llegar a los cordobeses nuestra valoración de algunos aspectos de esta propuesta. Con respeto y la mayor claridad posible, les hacemos llegar estas observaciones que se detienen en los aspectos éticos de la propuesta.

  1. Reconocemos, ante todo, la oportunidad de incluir expresamente la objeción de conciencia institucional. Insólitamente, la ley con media sanción, mientras admite, aun con incomprensibles restricciones, la objeción individual, prohíbe taxativamente la objeción institucional. Parece que no hubiéramos aprendido nada de los dramas vividos en el siglo XX en el mundo y en la patria. Creemos que la propuesta de los senadores cordobeses es un aporte importante en esta delicada materia, pero resulta insuficiente.
  2. El contexto hace que llegue tarde y no resuelva el tema de fondo, en sus dos vertientes: en primer lugar, cómo acompañar el drama de las mujeres que han sufrido violencia o abandono, y que viven un embarazo no querido; en segundo lugar, y es lo más decisivo, cómo legitimar la injustificable muerte de un inocente.
  3. Nos parecería desacertado el voto de los senadores aprobando el proyecto. Es más, consideramos que no expresa ni el sentir de muchos cordobeses, ni el rico cimiento jurídico a favor de la vida de nuestra Constitución Provincial.-
  4. Les compartimos que nuestra oposición al aborto no surge, en primer término, de un dogma o de razones puramente religiosas. La defensa y cuidado de la vida por parte de todos y del estado es cuestión de humanismo y racionalidad más allá de las creencias religiosas personales de cada uno.
  5. Creemos que una democracia que no respete toda vida humana se convierte visible o encubiertamente en dictadura de los que ostentan más poder porque cuando no se respeta la vida del más débil la libertad se convierte en ocasión de dominio y arbitrariedad.
  6. Cabe también recordar aquí la clara y abundante enseñanza de San Juan Pablo II en su carta Evangelium vitae (Evangelio de la vida) a la que podríamos acudir para seguir profundizando. Allí nos decía al comienzo que “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium vitae 2).
  7. “Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso. La decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia. Se buscaría, con esa grave decisión, preservar algunos bienes importantes… Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, “jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente” (Evangelium vitae 58).
  8. El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que disponga de ella de modo arbitrario, sino para que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa fidelidad.
  9. Se nos pide amar y respetar la vida de cada hombre y de cada mujer y trabajar con constancia y valor, para que se instaure finalmente en nuestro tiempo, marcado por tantos signos de muerte, una cultura nueva de la vida, fruto de la cultura de la verdad y del amor.
  10. Agradecemos a todos los que se han animado a expresar respetuosamente en este tiempo, incluidos legisladores provinciales, hombres y mujeres públicos que vale toda vida.

Hasta aquí nuestro aporte. Como creyentes, invocamos a Jesucristo, el Señor de la historia, implorando las luces necesarias para los legisladores de la nación y todos los que tienen que tomar estas decisiones tan importantes para la vida y futuro de los argentinos y cordobeses.

Con afecto y respeto.

Córdoba, 26 de julio de 2018.

 

+CARLOS JOSE ÑAÑEZ, Arzobispo de Córdoba

+ADOLFO URIONA, Obispo de Rio IV

+SERGIO BUENANUEVA, Obispo de San Francisco

+SAMUEL JOFRE, Obispo de Villa María

+RICARDO ARAYA, Obispo de Cruz del Eje

+GUSTAVO ZURBRIGGEN, Obispo Prelado de Deán Funes

+RICARDO SEIRUTTI, Obispo Auxiliar de Córdoba

+PEDRO TORRES, Obispo Auxiliar de Córdoba

Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando

16864720_140905639763816_8240056911797706185_nCarta Pastoral 2018 del Obispo Sergio O. Buenanueva con ocasión del Año Mariano Diocesano

“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judea…” (Lc 1,39). Conocemos bien el relato evangélico al que pertenece este versículo: la Visitación de María. Es el segundo misterio gozoso del Rosario. Rezamos a menudo con él y, seguramente, nos ha inspirado muchas veces en el camino del servicio y la misión.

Sin embargo, ahora quisiera invitarlos a contemplar este misterio desde el lugar de visitados: Zacarías, Isabel y Juan, el Precursor. ¿Cómo se ven las cosas desde ahí? Como ellos, nosotros hemos sido visitados por María. Es más: lo somos ahora mismo. María no deja de recorrer los caminos de nuestra vida para acercarse a nosotros con su sonrisa, su fe, su canto de alabanza y, sobre todo, con el Niño que lleva en sus entrañas. Y, como a Isabel y a Juan, el corazón nos salta de alegría: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lc 1,43).

Del relato evangélico pasemos ahora a un preciso lugar de nuestra diócesis: Villa Concepción del Tío. La visita de María se hace visible en ese espacio sagrado que custodia el Santuario de la Virgencita. Traigamos a la memoria las veces que lo hemos visitado, en la Peregrinación Juvenil, por ejemplo. Desde hace trescientos años nos acompaña su bendita imagen. El presente Año Mariano Diocesano expresa nuestra gratitud por su presencia materna.

¡Cuántas veces hemos visitado su Santuario! Pero, ¿no hemos experimentado que es Ella la que, en realidad, se ha acercado a nosotros? El Santuario hace visible un encuentro de gracia: rostros que se miran, corazones que se abren, plegarias que, del corazón, suben a los labios y se depositan entre las manos entreabiertas de María.

Y, ahora, del Santuario de la Villa pasemos a los otros lugares marianos de nuestra diócesis: Villa del Tránsito, Plaza de Mercedes, el gran santuario a María Auxiliadora en Colonia Vignaud. O, también, a las fiestas patronales de nuestras parroquias o capillas dedicadas a la Madre de Dios, con sus triduos, novenas, fiestas populares, procesiones y liturgias celebradas con honda fe. Algunas multitudinarias, otras con pequeños pero fervorosos grupos de fieles.

Demos otro paso: de nuestros santuarios, templos y fiestas marianas pasemos a la vida de cada día. Pienso en esas cosas tan concretas como una estampa o un cuadro de la Virgen en casa; el Rosario en el bolsillo o en el cuello o, sencillamente, un Ave María recitado en silencio. Así, María toca nuestra vida cotidiana y también rutinaria. Así, ella, como en Caná, nos alegra con el buen vino del Evangelio. Es madre y compañera en el camino de la fe.

*     *    *

Para preparar esta carta leí algunos escritos de teología, documentos del magisterio y estudios bíblicos. Esa lectura me aportó ideas bonitas y verdaderas. Sin embargo, a poco andar, me iba dando cuenta de que no era de eso de lo que quería escribirles. Trataré de explicarlo.

María es una persona real, presente y activa. No un personaje del pasado que nos ofrece bellos ejemplos morales. El pueblo de Dios tiene de ella una experiencia muy concreta y viva. Sabe de su maternidad en medio de las circunstancias de la vida, especialmente las más complicadas. Es entonces que, como escribía San Bernardo, el discípulo “mira a la Estrella, llama a María”.

Cuando peregrinamos a nuestros santuarios o sencillamente pasamos las cuentas del Rosario hacemos una experiencia muy concreta de la presencia de María en nuestra vida. La sentimos junto a nosotros, tomándonos de la mano para transitar el camino del discipulado. “Sin María, el Evangelio se desencarna, se desfigura y se transforma en ideología, en racionalismo espiritualista”, decía hace ya mucho tiempo el Documento de Puebla (301).

En este Año Mariano Diocesano que estamos transitando, los invito a mirar la propia experiencia personal y comunitaria de la presencia de María. ¿Quién nos enseñó a invocarla? ¿La sentimos con nosotros? ¿En qué ocasiones hemos experimentado su presencia? ¿Quizás no hemos desarrollado todavía la dimensión mariana de nuestra vida cristiana?

*     *    *

Retomando las orientaciones de nuestro Plan de Pastoral Diocesano, quisiera ofrecerles, a continuación, algunos itinerarios espirituales y pastorales a recorrer, de manera más intensa durante este Año Mariano Diocesano que estamos transitando. El núcleo del Plan de Pastoral es el encuentro con Jesucristo que pone en marcha el discipulado misionero, hace de la Iglesia una comunidad en salida, en camino de reforma y conversión pastoral y nos acerca, como María en la Visitación y en Caná, a las necesidades concretas de los pobres.

  1. De la mano de María sintámonos pueblo en camino. Soledad, abandono, encierro, individualismo. Estos parecen ser compañeros ineludibles de camino de las personas en los tiempos que corren. “Miremos a la estrella e invoquemos a María”. Ella tiene la habilidad de hacernos sentir familia, comunidad, pueblo reunido y en camino. Aunque el sonido suele no funcionar bien en nuestras procesiones, el hecho de caminar juntos rezando, cantando o en silencio ya es un signo de lo que somos: un pueblo de hermanos.
  2. De la mano de María, redescubrirnos “primereados” por el amor de Dios. “Conversión” es una gran palabra del Evangelio que, gracias a Dios, hoy también ilumina nuestra vida pastoral. Conversión es la respuesta adecuada al amor de Dios que primerea nuestra vida. Toda la pastoral de la Iglesia ha de alimentar esta experiencia fundamental y fundante de la vida: soy amado por el Padre con un amor incondicional. María es la mejor maestra espiritual que nos introduce en esa experiencia. ¿No es lo que vivimos en sus santuarios?
  3. Mirar a María como la más perfecta discípula de Jesús. “María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. Del Evangelio emerge su figura de libre y fuerte, constantemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo” (Aparecida 266). Más que multiplicar prácticas devocionales, este Año Mariano apunta a dejarnos evangelizar por María para convertirnos en discípulos misioneros de Jesús. En este año pastoral cada una de nuestras comunidades podrá plantearse cómo alentar esta experiencia. Con ayuda de la Junta Diocesana de Catequesis, nuestra diócesis está revisando el camino de la Iniciación Cristiana (anuncio, catequesis, liturgia, misión, espiritualidad). La meta es ofrecer orientaciones pastorales que nos ayuden a convertirnos en discípulos maduros de Cristo, a imagen de María.
  4. Mirar a María como la imagen más lograda de la Iglesia misionera. Algunos cuentan que, cuando los cardenales se reunieron para elegir al sucesor de Benedicto XVI, el cardenal Bergoglio dijo, citando Ap 3, 20 (“Yo estoy a la puerta y llamo…”), que Jesús ya no llama desde fuera para entrar, sino desde dentro de la Iglesia para poder salir del encierro. Sé que estamos creciendo como “Iglesia en salida”. Sin embargo, necesitamos dar pasos de conversión más audaces. Lo tenemos que conversar en nuestros consejos de pastoral, en los decanatos y otros espacios de reflexión pastoral. “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (Aparecida 269). A ella volvemos la mirada como Iglesia diocesana que quiere renovar su ardor evangelizador.
  5. Mirar a María, mujer fuerte y libre, cercana a los pobres. “Una Iglesia pobre para los pobres” es también una frase feliz y fuerte del Papa Francisco. Este es uno de los desafíos que hemos identificado en nuestro Plan de Pastoral. En el territorio de nuestra diócesis, las situaciones de pobreza extrema no tienen la dimensión que en otros lugares. Sin embargo, los rostros de la pobreza se multiplican, sin identificarse necesariamente con la carencia material. Pensemos, por ejemplo, en el mundo cada vez más vasto de las adicciones. Cada comunidad cristiana, en este Año Mariano, debería identificar con claridad aquellos lugares o situaciones de pobreza, exclusión y descarte que nos interpelan a imitar a María solidaria. Como diócesis, y con mucha esperanza, hemos iniciado el camino hacia el diaconado permanente. Es misión del diácono, a imagen de Cristo Servidor, ayudar a la comunidad a vivir el servicio hacia los más pobres.
  6. Repasar lo que los evangelios nos dicen de María. La Palabra de Dios ha de inspirar toda nuestra vida cristiana. Por eso, los invito a buscar, con diversas iniciativas, en los evangelios la figura de María, madre y virgen, discípula y misionera de Jesús. Toda renovación genuina de la Iglesia pasa necesariamente por una vuelta al Evangelio. Así, por ejemplo, lo vivió San Francisco de Asís o, más cerca de nosotros, San José Gabriel del Rosario. Es el camino que nos está proponiendo el Papa Francisco. Redescubramos la figura evangélica de María para hacer más nuestra la vocación-misión que el Señor ha soñado para cada uno. De esta forma, el Año Mariano es continuación lógica del Año Vocacional que hemos vivido en este camino de aplicación del Plan de Pastoral.

*     *    *

El lema de este Año Mariano Diocesano dice así: “Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando”. La mirada de María nos alcanza cada vez que peregrinamos a su Santuario (a la Villa o a cualquier otro lugar mariano de nuestra vida). Y, en la mirada de la Virgencita nosotros percibimos la mirada vivificante de Cristo resucitado. Los ojos de María nos alcanzan la mirada del Dios que ama la vida.

En esa mirada encontramos descanso para nuestra vida, pero también nos anima a seguir transitando los caminos de la fe, la misión y el servicio. Somos parte de una Iglesia peregrina y misionera que, en todas sus expresiones (parroquias, colegios, movimientos y asociaciones, consejos y encuentros pastorales) favorece la comunión, la participación y la sinodalidad para anunciar el Evangelio. Una Iglesia que no es propiedad del Obispo, del Papa o de los sacerdotes como pretende el clericalismo. Es de Cristo, y todos los bautizados, ungidos por su Espíritu y superando toda forma de individualismo, la vamos edificando cada día con el aporte de nuestro tiempo, talentos y bienes materiales. María y los santos son sus miembros más insignes. También los difuntos por quienes, cada día, ofrecemos el sacrificio eucarístico. Que la mirada de María ilumine nuestra mirada para ver a la Iglesia en toda la profunidiad gozosa de su misterio.

Pero también caminamos, animados por la fe de María, construyendo la sociedad a la que pertenecemos. María también nos ayuda a vivir con pasión nuestra misión como ciudadanos. Inspirados por el testimonio del Santo Cura Brochero y de tantos cristianos insignes, renovemos el compromiso por el bien común de nuestra Patria. Hoy, ese compromiso tiene algunos acentos particulares, entre ellos: trabajar por la cultura del encuentro, la inclusión y el cuidado de la casa común.

Bajo la mirada de la Virgencita, sigamos caminando los caminos del Evangelio.

+ Sergio O. Buenanueva

2 de febrero de 2018, Fiesta de la Presentación del Señor

 

Saludo a los catequistas de la diócesis

San Francisco, 5 de diciembre de 2017

A los catequistas de la diócesis de San Francisco.

Queridos amigos… y “colegas” en el anuncio del Evangelio:

El pasado sábado 2 de diciembre concluyeron las Confirmaciones 2017. Ese día, en Sacanta, confirmé a seis adultos. Cansado pero contento, le doy gracias a Dios por este renovado paso del Espíritu y por permitirnos ser instrumentos de su gracia.

A medida que íbamos completando las fechas previstas en las treinta parroquias de la diócesis, crecía en mí la percepción del significado de la misión de ustedes en nuestras comunidades. No que no lo supiera o no lo hubiera visto antes. Me animo a decir que el Señor me ha permitido “sentirlos” en mi corazón con más intensidad que antes. A veces nos pasa así: cosas que sabemos desde siempre se vuelven más vivas, nítidas y uno termina diciendo: “¿por qué no me di cuenta antes? Es algo estupendo. Es don de Dios”.

Me parece que, en todo esto, juegan un papel importante los encuentros que tenemos durante las Visitas pastorales. Yo los aprecio mucho, porque me dan la oportunidad de escucharlos y de entrar un poco más adentro en la experiencia de quienes anuncian el Evangelio como ustedes lo hacen: mano a mano, en contacto directo con las personas, sus diferentes situaciones de vida, con tantas ilusiones, dolores y expectativas.

Es verdad que, en esos encuentros, suele destacarse la dificultad más común que hoy tenemos: estamos ayudando a crecer en la fe a niños, adolescentes y adultos que, normalmente, después de recibir los sacramentos no siguen participando de la vida de nuestras comunidades.

De manera especial nos duele que no perseveren en la Eucaristía dominical. No se nos ocurre juzgar que no viven los valores cristianos o que no les quede nada de lo que les ofrecemos. Pero… ¡no participar de la Eucaristía de Jesús! ¡Con lo que ella significa para nosotros! Siempre me acuerdo de lo que cuentan de San Francisco que recorría las calles de Asís gritando: “¡El Amor no es amado! ¡El Amor no es amado!”.

Precisamente esto es lo que ha hecho pensar. Y darle gracias a Dios por ustedes y su pasión evangelizadora.

Meditando el evangelio de hoy (Lc 10, 21-24), se me ha ocurrido tomar prestadas unas palabras de Jesús y, con ellas, componer esta bienaventuranza dirigida a ustedes. Suena así:

Bienaventurados ustedes, catequistas.

Bienaventurados sus ojos porque ven lo que ustedes han visto.

¿Qué han visto con los ojos de la fe? A Jesús, el Señor, nuestra Esperanza.

Bienaventurados sus oídos porque oyen lo que ustedes han oído.

¿Qué han oído? El anuncio más formidable: Dios resucitó a Jesús, confirmó que era verdad lo que él predicaba: que Dios es Padre, que ama con amor incondicional a todos, pero se conmueve con el sufrimiento de sus hijos más pequeños.

Bienaventurados sus labios porque anuncian lo que ustedes han anunciado.

¿Qué proclaman sus labios? El Evangelio del amor, la misericordia y la compasión de Dios, cuyo rostro viviente es Jesucristo. El Espíritu pone palabras en los labios para dar cauce a la alegría que colma el corazón.

Queridos hermanos y hermanas catequistas: gracias por el servicio a la fe que ustedes cumplen, con perseverancia, creatividad y pasión en nuestras comunidades. Siéntanse reconocidos y animados a seguir caminando.

En el clima de alegre esperanza de este Adviento, y a punto de comenzar el Año Mariano Diocesano, que la mirada tierna de María (la mejor catequista de la Iglesia) nos anime a seguir transitando los caminos de la fe.

¡Somos, con ella y como ella, discípulos misioneros de Jesús!

Su obispo,

+ Sergio O. Buenanueva

 

“Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando” – Año Mariano Diocesano 2018

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Convocatoria del obispo diocesano Sergio O. Buenanueva a celebrar un Año Mariano Diocesano al celebrar los 300 años de la Virgencita.

 

San Francisco, 15 de noviembre de 2017

Para ser leída en las Misas del fin de semana del 25 y 26 de noviembre

A todos los fieles de la Diócesis de San Francisco.

Queridos hermanos y hermanas:

En 2018 se cumplen trescientos años de la primera noticia documentada de la presencia, en nuestras tierras, de la imagen de la Inmaculada – la “Virgencita – que custodia el Santuario de Villa Concepción del Tío. Es el corazón espiritual de nuestra Iglesia diocesana.

Con tal motivo, y contando con el parecer favorable del Consejo presbiteral y del Consejo de pastoral diocesano, convoco a un Año Mariano Diocesano, bajo el lema:

“Bajo tu mirada, Madre,

seguimos caminando”

Como pueblo de Dios peregrino hemos hecho la experiencia de la presencia de María, cuya mirada alcanza a cada peregrino que llega a su Santuario y lo acompaña en todas sus horas. Los jóvenes lo experimentan cada año, en la peregrinación que los lleva a la casa de María. Lo experimentan los pobres, los que sufren, los pecadores. Sus ojos y sus manos abiertas en oración recogen todas nuestras súplicas. Esa mirada tierna de María nos transparenta a Jesucristo resucitado y nos anima a seguir caminando como Iglesia misionera que, con gozo, anuncia el Evangelio.

Dios mediante, iniciaremos este Año Mariano el próximo 8 de diciembre, con la celebración de la Solemnidad de la Inmaculada. Con tal motivo, presidiré la santa Eucaristía y la procesión en el Santuario de la Virgencita ese mismo día a las 17:30 hs. Culminará el 8 de diciembre de 2018.

A lo largo de este tiempo de gracia, la figura de María, la más perfecta discípula del Señor (DA 266), nos ayudará a destacar los rasgos fundamentales del discipulado cristiano y de la naturaleza misionera de la Iglesia como comunidad de fe, esperanza y caridad.

Los objetivos fundamentales de este Año Mariano Diocesano se enmarcan en el camino de renovación pastoral y conversión misionera que nos propone nuestro Plan de Pastoral Diocesano. Son los siguientes:

  1. Animar la celebración del Año Mariano presentando la figura de María como modelo del camino discipular y misionero del cristiano y de la Iglesia diocesana.
  2. Celebrar los 300 años de la presencia histórica de la devoción a la Virgencita para fortalecer los valores de la religiosidad popular presentes en nuestro pueblo.
  3. Promover, en toda la diócesis y en cada comunidad, la dimensión mariana de la espiritualidad cristiana, acentuando sus rasgos bíblicos, la oración del Rosario y el acto de entrega confiada (consagración) a María.

Para animar la celebración de este Año Mariano se ha constituido una Comisión Diocesana que, oportunamente, dará a conocer distintas actividades, iniciativas y sugerencias para que todos podamos vivir con abundantes frutos este tiempo de gracia.

Estoy convencido de que este Año Mariano traerá abundantes gracias para nuestra diócesis. ¡Qué nadie sea indiferente a esta llamada! ¡Es María la que nos convoca!

Con mi bendición,

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San Francisco

Carta Pastoral 2017 – “SOY VOCACIÓN-SOY MISIÓN” – Por una nueva cultura vocacional

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Comparto con ustedes la Carta Pastoral 2017, con las orientaciones para el “Año vocacional diocesano”.

Será presentada el próximo sábado 4 de marzo, en la Jornada de inicio del Año pastoral, en la Villa Concepción del Tío.

La podés descargar aquí: 04-carta-pastoral-2017