Una Iglesia misionera, pobre y solidaria

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https://youtu.be/-2Uyk7G7PeM

 

Carta Pastoral del Obispo Sergio O. Buenanueva

San Francisco, 11 de noviembre de 2018

A los fieles católicos de la Diócesis de San Francisco.

Queridos hermanos y amigos:

¡Paz y Bien para todos!

Los obispos argentinos acabamos de concluir nuestra última reunión del año: la 116ª Asamblea Plenaria.

Como siempre, hemos abordado varios temas de la vida de nuestra Iglesia y de nuestro querido país.

Quiero decirles, ante todo, que ha sido un momento muy intenso de fraternidad, oración y discernimiento. Le doy gracias a Dios por ello.

Entre los muchos temas que hemos abordado, uno ha concitado la atención de los medios de comunicación, incluso antes de que empezáramos. Se trata del diálogo que venimos teniendo, desde la Conferencia Episcopal, con el Gobierno sobre los aportes del Estado Nacional al sostenimiento de la Iglesia que, cada año, forman parte del Presupuesto que aprueba el Congreso de la Nación.

Este año que se termina, como pocas veces, ha visto un fuerte debate sobre la legitimidad de esos fondos que el Estado destina a la Iglesia Católica.

En nuestra Asamblea, reservamos un tiempo generoso a este tema. Ante todo, para informarnos del estado actual del diálogo con el Gobierno. Abierto el intercambio, avanzamos en varios puntos, para terminar, tomando algunas decisiones importantes.

De esto quiero hablarles.

Ante todo, decirles que el diálogo que tuvimos los obispos ha sido muy bueno. Tuvimos que darnos tiempo, no solo para informarnos, sino también para ahondar una mirada evangélica sobre este tema.

En definitiva, de lo que se trata, es de discernir qué quiere el Señor de su Iglesia, aquí en Argentina con nuestra historia, logros, defectos y dificultades.

Esto ha sido realmente muy consolador: hemos escuchado al Señor que nos invita a la confianza, audacia y valentía del Evangelio. Nos sentimos gozosamente llamados a ser una Iglesia misionera, pobre y para los pobres. Nos hemos visto cálidamente urgidos a vivir a fondo la solidaridad, el compartir bienes, talentos, carismas.

Todo esto nos ha hecho mucho bien. Aquí, incorporo una reflexión muy personal. El único escrito que ha salido de nuestra Asamblea es la declaración: “Pascua riojana, alegría de toda la Iglesia”.

Es nuestra lectura creyente y de pastores de esa gracia que Dios nos está haciendo con la próxima beatificación de los cuatro mártires riojanos: el obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longeville y el laico Wenceslao Pedernera.

Pienso que esa palabra fuerte de Dios que es siempre la entrega de los mártires, escuchada y rubricada solemnemente por la Iglesia, nos está indicando el camino a seguir.

Los mártires son siempre, en la diversidad de circunstancias concretas de su ofrenda sacrificial, testigos de la libertad de Cristo frente a los poderes del mundo. Ellos llevan hasta sus últimas consecuencias la potencia transformadora del primer mandamiento: solo Dios es el Señor, lo amarás con todo el corazón y sobre todas las cosas… Y al prójimo, como a vos mismo.

Estimulados por este ejemplo, hemos tomado algunas decisiones importantes, a saber:

  1. Ante todo, dar nuestra aprobación para que prosigan los diálogos con el Gobierno en orden a una progresiva disminución – hasta su desaparición – de este aporte del Estado a la Iglesia (el Presupuesto de Culto). El Gobierno nacional, por su parte se ha comprometido a desarrollar algunos instrumentos para facilitar que los fieles católicos puedan seguir aportando al sostenimiento de la Iglesia.
  2. Crear una Comisión Episcopal para pensar mejor, y de manera más integral, el sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia en Argentina, atenta, especialmente, a desarrollar los instrumentos aptos para reemplazar el aporte del Estado que irá disminuyendo.
  3. En orden a esto, crear ya mismo un Fondo Solidario que vaya recogiendo el aporte de todos para suplir los recursos que hasta ahora han ido viniendo del Presupuesto de Culto. Algunas diócesis ya han declarado estar en condiciones de iniciar la formación de este Fondo. Otras nos iremos sumando en breve. Cada una según sus posibilidades.

Llegados a este punto surgen algunas preguntas importantes.

El Estado dejará esta forma – bastante anacrónica, por cierto – de aportar a la misión de la Iglesia. Podemos, sin embargo, preguntarnos: el Estado, en cualquiera de sus niveles, ¿puede desentenderse sin más de las actividades religiosas de los ciudadanos? La respuesta es clara: no, no puede. Es su deber interesarse activa y concretamente de todo lo que es un  interés legítimo de los ciudadanos, sea en áreas culturales, artísticas, solidarias o deportivas. También en las religiosas. El Estado debe cuidar y promover los valores espirituales y éticos de los ciudadanos, pues, por sí mismo, no los puede generar, menos aún imponer.

Por eso no hablamos de una “renuncia”. Esta podría ser un gesto clamoroso pero, a la larga, injusto y nocivo. Los ciudadanos tenemos que ayudar al Estado a cumplir su misión de servicio a la sociedad y ciudadanos reales del país.

En segundo lugar, la pregunta que nos atañe a nosotros, los católicos. Más en concreto: a nosotros, católicos de la diócesis de San Francisco que vivimos nuestra fe y edificamos nuestras comunidades cristianas en una zona próspera de Córdoba y de Argentina. La formulo así: ¿No tendríamos que intensificar nuestra solidaridad, compartiendo con más generosidad lo que Dios nos ha regalado: recursos, carismas, tiempo y talentos?

El “genio piamontés” también se siente en nuestras parroquias y comunidades: por lo general, con finanzas ordenadas, sin lujos ni excesos, pero con necesidades básicamente satisfechas.

Obviamente, siempre tendremos que estar atentos a no dejarnos tomar por la “idolatría del dinero’, olvidando la cultura del trabajo, la responsabilidad social por el bien común y el valor de la producción por encima de la renta y la especulación; valores que hemos legado de nuestros mayores.

El Estado podrá seguir ayudando o no, lo cierto es que nuestra Iglesia seguirá dando lo mejor de sí al servicio del Evangelio y, de manera especial, de los más pobres. Como la viuda pobre y sus dos moneditas de cobre del Evangelio de este domingo.

Nosotros no podemos desentendernos de nuestros hermanos más necesitados. No podemos encerrarnos en nuestro bienestar. La vida de las Iglesias hermanas es también nuestra preocupación. Ya tenemos la formidable experiencia de “Más por Menos”. ¿No tendríamos que potenciarla? ¿Cómo contribuirá nuestra Iglesia diocesana al Fondo Solidario de la CEA?

La motivación que tenemos los cristianos para compartir nuestras vidas y bienes es la más alta: el amor de Cristo. Así lo hemos expresado también en nuestro Plan de Pastoral. Hemos aprendido a dar pasos en comunión y participación. Este capítulo reclama también un camino común de discernimiento y acción.

Gracias por su atención. Les confío estás reflexiones salidas del corazón. Ojalá puedan aprovechar y compartir lo que estas palabras del obispo suscitan en ustedes.

Le pido a la Virgen y a San Francisco que nos sigan bendiciones,

Firma 2

 

 

 

 

+ Sergio Buenanueva

Obispo de San Francisco

 

 

 

 

Carta Abierta de los Obispos de la provincia de Córdoba

WhatsApp Image 2018-07-25 at 17.55.49.jpeg“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”(Jn 10.10)

En 1983, a poco de haber retomado el camino de la democracia, los obispos argentinos publicaban el documento “Dios, el hombre y la conciencia”. Estábamos saliendo de un período oscuro: pocas veces en la historia joven de nuestro país se había avasallado la dignidad de la vida como entonces. Los obispos nos invitaban a reconstruir nuestra Nación a partir de sus bases morales y culturales más profundas. Proponían para ello un examen de conciencia (que en la actualidad sigue siendo necesario) para que cada uno pudiera identificar su responsabilidad y un compromiso nuevo con la dignidad de todo hombre.

Hoy vivimos en democracia. Podemos así expresarnos con libertad, e incluso peticionar a nuestros gobernantes para que tengan en cuenta los legítimos puntos de vista de los ciudadanos. Los que profesamos la fe católica, como la mayoría de los argentinos, queremos la justicia, la paz, el bien común, una vida plena y digna para todos.

Los obispos de las seis diócesis presentes en el territorio cordobés, sentimos el deber de expresarnos acerca de la propuesta de los senadores de nuestra provincia sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Dicha ley cuenta con la media sanción de Diputados, y los senadores tienen la grave responsabilidad de dar su voto sobre ella. A nadie se le oculta la importancia, complejidad y gravedad de la materia sobre la que están legislando: la dignidad de la vida, tanto del ser humano en gestación como de la madre gestante.

Por las mismas razones, nosotros, como pastores y ciudadanos, sentimos también el deber de hacerles llegar a los cordobeses nuestra valoración de algunos aspectos de esta propuesta. Con respeto y la mayor claridad posible, les hacemos llegar estas observaciones que se detienen en los aspectos éticos de la propuesta.

  1. Reconocemos, ante todo, la oportunidad de incluir expresamente la objeción de conciencia institucional. Insólitamente, la ley con media sanción, mientras admite, aun con incomprensibles restricciones, la objeción individual, prohíbe taxativamente la objeción institucional. Parece que no hubiéramos aprendido nada de los dramas vividos en el siglo XX en el mundo y en la patria. Creemos que la propuesta de los senadores cordobeses es un aporte importante en esta delicada materia, pero resulta insuficiente.
  2. El contexto hace que llegue tarde y no resuelva el tema de fondo, en sus dos vertientes: en primer lugar, cómo acompañar el drama de las mujeres que han sufrido violencia o abandono, y que viven un embarazo no querido; en segundo lugar, y es lo más decisivo, cómo legitimar la injustificable muerte de un inocente.
  3. Nos parecería desacertado el voto de los senadores aprobando el proyecto. Es más, consideramos que no expresa ni el sentir de muchos cordobeses, ni el rico cimiento jurídico a favor de la vida de nuestra Constitución Provincial.-
  4. Les compartimos que nuestra oposición al aborto no surge, en primer término, de un dogma o de razones puramente religiosas. La defensa y cuidado de la vida por parte de todos y del estado es cuestión de humanismo y racionalidad más allá de las creencias religiosas personales de cada uno.
  5. Creemos que una democracia que no respete toda vida humana se convierte visible o encubiertamente en dictadura de los que ostentan más poder porque cuando no se respeta la vida del más débil la libertad se convierte en ocasión de dominio y arbitrariedad.
  6. Cabe también recordar aquí la clara y abundante enseñanza de San Juan Pablo II en su carta Evangelium vitae (Evangelio de la vida) a la que podríamos acudir para seguir profundizando. Allí nos decía al comienzo que “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium vitae 2).
  7. “Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso. La decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia. Se buscaría, con esa grave decisión, preservar algunos bienes importantes… Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, “jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente” (Evangelium vitae 58).
  8. El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que disponga de ella de modo arbitrario, sino para que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa fidelidad.
  9. Se nos pide amar y respetar la vida de cada hombre y de cada mujer y trabajar con constancia y valor, para que se instaure finalmente en nuestro tiempo, marcado por tantos signos de muerte, una cultura nueva de la vida, fruto de la cultura de la verdad y del amor.
  10. Agradecemos a todos los que se han animado a expresar respetuosamente en este tiempo, incluidos legisladores provinciales, hombres y mujeres públicos que vale toda vida.

Hasta aquí nuestro aporte. Como creyentes, invocamos a Jesucristo, el Señor de la historia, implorando las luces necesarias para los legisladores de la nación y todos los que tienen que tomar estas decisiones tan importantes para la vida y futuro de los argentinos y cordobeses.

Con afecto y respeto.

Córdoba, 26 de julio de 2018.

 

+CARLOS JOSE ÑAÑEZ, Arzobispo de Córdoba

+ADOLFO URIONA, Obispo de Rio IV

+SERGIO BUENANUEVA, Obispo de San Francisco

+SAMUEL JOFRE, Obispo de Villa María

+RICARDO ARAYA, Obispo de Cruz del Eje

+GUSTAVO ZURBRIGGEN, Obispo Prelado de Deán Funes

+RICARDO SEIRUTTI, Obispo Auxiliar de Córdoba

+PEDRO TORRES, Obispo Auxiliar de Córdoba

Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando

16864720_140905639763816_8240056911797706185_nCarta Pastoral 2018 del Obispo Sergio O. Buenanueva con ocasión del Año Mariano Diocesano

“En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judea…” (Lc 1,39). Conocemos bien el relato evangélico al que pertenece este versículo: la Visitación de María. Es el segundo misterio gozoso del Rosario. Rezamos a menudo con él y, seguramente, nos ha inspirado muchas veces en el camino del servicio y la misión.

Sin embargo, ahora quisiera invitarlos a contemplar este misterio desde el lugar de visitados: Zacarías, Isabel y Juan, el Precursor. ¿Cómo se ven las cosas desde ahí? Como ellos, nosotros hemos sido visitados por María. Es más: lo somos ahora mismo. María no deja de recorrer los caminos de nuestra vida para acercarse a nosotros con su sonrisa, su fe, su canto de alabanza y, sobre todo, con el Niño que lleva en sus entrañas. Y, como a Isabel y a Juan, el corazón nos salta de alegría: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lc 1,43).

Del relato evangélico pasemos ahora a un preciso lugar de nuestra diócesis: Villa Concepción del Tío. La visita de María se hace visible en ese espacio sagrado que custodia el Santuario de la Virgencita. Traigamos a la memoria las veces que lo hemos visitado, en la Peregrinación Juvenil, por ejemplo. Desde hace trescientos años nos acompaña su bendita imagen. El presente Año Mariano Diocesano expresa nuestra gratitud por su presencia materna.

¡Cuántas veces hemos visitado su Santuario! Pero, ¿no hemos experimentado que es Ella la que, en realidad, se ha acercado a nosotros? El Santuario hace visible un encuentro de gracia: rostros que se miran, corazones que se abren, plegarias que, del corazón, suben a los labios y se depositan entre las manos entreabiertas de María.

Y, ahora, del Santuario de la Villa pasemos a los otros lugares marianos de nuestra diócesis: Villa del Tránsito, Plaza de Mercedes, el gran santuario a María Auxiliadora en Colonia Vignaud. O, también, a las fiestas patronales de nuestras parroquias o capillas dedicadas a la Madre de Dios, con sus triduos, novenas, fiestas populares, procesiones y liturgias celebradas con honda fe. Algunas multitudinarias, otras con pequeños pero fervorosos grupos de fieles.

Demos otro paso: de nuestros santuarios, templos y fiestas marianas pasemos a la vida de cada día. Pienso en esas cosas tan concretas como una estampa o un cuadro de la Virgen en casa; el Rosario en el bolsillo o en el cuello o, sencillamente, un Ave María recitado en silencio. Así, María toca nuestra vida cotidiana y también rutinaria. Así, ella, como en Caná, nos alegra con el buen vino del Evangelio. Es madre y compañera en el camino de la fe.

*     *    *

Para preparar esta carta leí algunos escritos de teología, documentos del magisterio y estudios bíblicos. Esa lectura me aportó ideas bonitas y verdaderas. Sin embargo, a poco andar, me iba dando cuenta de que no era de eso de lo que quería escribirles. Trataré de explicarlo.

María es una persona real, presente y activa. No un personaje del pasado que nos ofrece bellos ejemplos morales. El pueblo de Dios tiene de ella una experiencia muy concreta y viva. Sabe de su maternidad en medio de las circunstancias de la vida, especialmente las más complicadas. Es entonces que, como escribía San Bernardo, el discípulo “mira a la Estrella, llama a María”.

Cuando peregrinamos a nuestros santuarios o sencillamente pasamos las cuentas del Rosario hacemos una experiencia muy concreta de la presencia de María en nuestra vida. La sentimos junto a nosotros, tomándonos de la mano para transitar el camino del discipulado. “Sin María, el Evangelio se desencarna, se desfigura y se transforma en ideología, en racionalismo espiritualista”, decía hace ya mucho tiempo el Documento de Puebla (301).

En este Año Mariano Diocesano que estamos transitando, los invito a mirar la propia experiencia personal y comunitaria de la presencia de María. ¿Quién nos enseñó a invocarla? ¿La sentimos con nosotros? ¿En qué ocasiones hemos experimentado su presencia? ¿Quizás no hemos desarrollado todavía la dimensión mariana de nuestra vida cristiana?

*     *    *

Retomando las orientaciones de nuestro Plan de Pastoral Diocesano, quisiera ofrecerles, a continuación, algunos itinerarios espirituales y pastorales a recorrer, de manera más intensa durante este Año Mariano Diocesano que estamos transitando. El núcleo del Plan de Pastoral es el encuentro con Jesucristo que pone en marcha el discipulado misionero, hace de la Iglesia una comunidad en salida, en camino de reforma y conversión pastoral y nos acerca, como María en la Visitación y en Caná, a las necesidades concretas de los pobres.

  1. De la mano de María sintámonos pueblo en camino. Soledad, abandono, encierro, individualismo. Estos parecen ser compañeros ineludibles de camino de las personas en los tiempos que corren. “Miremos a la estrella e invoquemos a María”. Ella tiene la habilidad de hacernos sentir familia, comunidad, pueblo reunido y en camino. Aunque el sonido suele no funcionar bien en nuestras procesiones, el hecho de caminar juntos rezando, cantando o en silencio ya es un signo de lo que somos: un pueblo de hermanos.
  2. De la mano de María, redescubrirnos “primereados” por el amor de Dios. “Conversión” es una gran palabra del Evangelio que, gracias a Dios, hoy también ilumina nuestra vida pastoral. Conversión es la respuesta adecuada al amor de Dios que primerea nuestra vida. Toda la pastoral de la Iglesia ha de alimentar esta experiencia fundamental y fundante de la vida: soy amado por el Padre con un amor incondicional. María es la mejor maestra espiritual que nos introduce en esa experiencia. ¿No es lo que vivimos en sus santuarios?
  3. Mirar a María como la más perfecta discípula de Jesús. “María, con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y también se hace colaboradora en el renacimiento espiritual de los discípulos. Del Evangelio emerge su figura de libre y fuerte, constantemente orientada al verdadero seguimiento de Cristo” (Aparecida 266). Más que multiplicar prácticas devocionales, este Año Mariano apunta a dejarnos evangelizar por María para convertirnos en discípulos misioneros de Jesús. En este año pastoral cada una de nuestras comunidades podrá plantearse cómo alentar esta experiencia. Con ayuda de la Junta Diocesana de Catequesis, nuestra diócesis está revisando el camino de la Iniciación Cristiana (anuncio, catequesis, liturgia, misión, espiritualidad). La meta es ofrecer orientaciones pastorales que nos ayuden a convertirnos en discípulos maduros de Cristo, a imagen de María.
  4. Mirar a María como la imagen más lograda de la Iglesia misionera. Algunos cuentan que, cuando los cardenales se reunieron para elegir al sucesor de Benedicto XVI, el cardenal Bergoglio dijo, citando Ap 3, 20 (“Yo estoy a la puerta y llamo…”), que Jesús ya no llama desde fuera para entrar, sino desde dentro de la Iglesia para poder salir del encierro. Sé que estamos creciendo como “Iglesia en salida”. Sin embargo, necesitamos dar pasos de conversión más audaces. Lo tenemos que conversar en nuestros consejos de pastoral, en los decanatos y otros espacios de reflexión pastoral. “María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (Aparecida 269). A ella volvemos la mirada como Iglesia diocesana que quiere renovar su ardor evangelizador.
  5. Mirar a María, mujer fuerte y libre, cercana a los pobres. “Una Iglesia pobre para los pobres” es también una frase feliz y fuerte del Papa Francisco. Este es uno de los desafíos que hemos identificado en nuestro Plan de Pastoral. En el territorio de nuestra diócesis, las situaciones de pobreza extrema no tienen la dimensión que en otros lugares. Sin embargo, los rostros de la pobreza se multiplican, sin identificarse necesariamente con la carencia material. Pensemos, por ejemplo, en el mundo cada vez más vasto de las adicciones. Cada comunidad cristiana, en este Año Mariano, debería identificar con claridad aquellos lugares o situaciones de pobreza, exclusión y descarte que nos interpelan a imitar a María solidaria. Como diócesis, y con mucha esperanza, hemos iniciado el camino hacia el diaconado permanente. Es misión del diácono, a imagen de Cristo Servidor, ayudar a la comunidad a vivir el servicio hacia los más pobres.
  6. Repasar lo que los evangelios nos dicen de María. La Palabra de Dios ha de inspirar toda nuestra vida cristiana. Por eso, los invito a buscar, con diversas iniciativas, en los evangelios la figura de María, madre y virgen, discípula y misionera de Jesús. Toda renovación genuina de la Iglesia pasa necesariamente por una vuelta al Evangelio. Así, por ejemplo, lo vivió San Francisco de Asís o, más cerca de nosotros, San José Gabriel del Rosario. Es el camino que nos está proponiendo el Papa Francisco. Redescubramos la figura evangélica de María para hacer más nuestra la vocación-misión que el Señor ha soñado para cada uno. De esta forma, el Año Mariano es continuación lógica del Año Vocacional que hemos vivido en este camino de aplicación del Plan de Pastoral.

*     *    *

El lema de este Año Mariano Diocesano dice así: “Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando”. La mirada de María nos alcanza cada vez que peregrinamos a su Santuario (a la Villa o a cualquier otro lugar mariano de nuestra vida). Y, en la mirada de la Virgencita nosotros percibimos la mirada vivificante de Cristo resucitado. Los ojos de María nos alcanzan la mirada del Dios que ama la vida.

En esa mirada encontramos descanso para nuestra vida, pero también nos anima a seguir transitando los caminos de la fe, la misión y el servicio. Somos parte de una Iglesia peregrina y misionera que, en todas sus expresiones (parroquias, colegios, movimientos y asociaciones, consejos y encuentros pastorales) favorece la comunión, la participación y la sinodalidad para anunciar el Evangelio. Una Iglesia que no es propiedad del Obispo, del Papa o de los sacerdotes como pretende el clericalismo. Es de Cristo, y todos los bautizados, ungidos por su Espíritu y superando toda forma de individualismo, la vamos edificando cada día con el aporte de nuestro tiempo, talentos y bienes materiales. María y los santos son sus miembros más insignes. También los difuntos por quienes, cada día, ofrecemos el sacrificio eucarístico. Que la mirada de María ilumine nuestra mirada para ver a la Iglesia en toda la profunidiad gozosa de su misterio.

Pero también caminamos, animados por la fe de María, construyendo la sociedad a la que pertenecemos. María también nos ayuda a vivir con pasión nuestra misión como ciudadanos. Inspirados por el testimonio del Santo Cura Brochero y de tantos cristianos insignes, renovemos el compromiso por el bien común de nuestra Patria. Hoy, ese compromiso tiene algunos acentos particulares, entre ellos: trabajar por la cultura del encuentro, la inclusión y el cuidado de la casa común.

Bajo la mirada de la Virgencita, sigamos caminando los caminos del Evangelio.

+ Sergio O. Buenanueva

2 de febrero de 2018, Fiesta de la Presentación del Señor

 

Saludo a los catequistas de la diócesis

San Francisco, 5 de diciembre de 2017

A los catequistas de la diócesis de San Francisco.

Queridos amigos… y “colegas” en el anuncio del Evangelio:

El pasado sábado 2 de diciembre concluyeron las Confirmaciones 2017. Ese día, en Sacanta, confirmé a seis adultos. Cansado pero contento, le doy gracias a Dios por este renovado paso del Espíritu y por permitirnos ser instrumentos de su gracia.

A medida que íbamos completando las fechas previstas en las treinta parroquias de la diócesis, crecía en mí la percepción del significado de la misión de ustedes en nuestras comunidades. No que no lo supiera o no lo hubiera visto antes. Me animo a decir que el Señor me ha permitido “sentirlos” en mi corazón con más intensidad que antes. A veces nos pasa así: cosas que sabemos desde siempre se vuelven más vivas, nítidas y uno termina diciendo: “¿por qué no me di cuenta antes? Es algo estupendo. Es don de Dios”.

Me parece que, en todo esto, juegan un papel importante los encuentros que tenemos durante las Visitas pastorales. Yo los aprecio mucho, porque me dan la oportunidad de escucharlos y de entrar un poco más adentro en la experiencia de quienes anuncian el Evangelio como ustedes lo hacen: mano a mano, en contacto directo con las personas, sus diferentes situaciones de vida, con tantas ilusiones, dolores y expectativas.

Es verdad que, en esos encuentros, suele destacarse la dificultad más común que hoy tenemos: estamos ayudando a crecer en la fe a niños, adolescentes y adultos que, normalmente, después de recibir los sacramentos no siguen participando de la vida de nuestras comunidades.

De manera especial nos duele que no perseveren en la Eucaristía dominical. No se nos ocurre juzgar que no viven los valores cristianos o que no les quede nada de lo que les ofrecemos. Pero… ¡no participar de la Eucaristía de Jesús! ¡Con lo que ella significa para nosotros! Siempre me acuerdo de lo que cuentan de San Francisco que recorría las calles de Asís gritando: “¡El Amor no es amado! ¡El Amor no es amado!”.

Precisamente esto es lo que ha hecho pensar. Y darle gracias a Dios por ustedes y su pasión evangelizadora.

Meditando el evangelio de hoy (Lc 10, 21-24), se me ha ocurrido tomar prestadas unas palabras de Jesús y, con ellas, componer esta bienaventuranza dirigida a ustedes. Suena así:

Bienaventurados ustedes, catequistas.

Bienaventurados sus ojos porque ven lo que ustedes han visto.

¿Qué han visto con los ojos de la fe? A Jesús, el Señor, nuestra Esperanza.

Bienaventurados sus oídos porque oyen lo que ustedes han oído.

¿Qué han oído? El anuncio más formidable: Dios resucitó a Jesús, confirmó que era verdad lo que él predicaba: que Dios es Padre, que ama con amor incondicional a todos, pero se conmueve con el sufrimiento de sus hijos más pequeños.

Bienaventurados sus labios porque anuncian lo que ustedes han anunciado.

¿Qué proclaman sus labios? El Evangelio del amor, la misericordia y la compasión de Dios, cuyo rostro viviente es Jesucristo. El Espíritu pone palabras en los labios para dar cauce a la alegría que colma el corazón.

Queridos hermanos y hermanas catequistas: gracias por el servicio a la fe que ustedes cumplen, con perseverancia, creatividad y pasión en nuestras comunidades. Siéntanse reconocidos y animados a seguir caminando.

En el clima de alegre esperanza de este Adviento, y a punto de comenzar el Año Mariano Diocesano, que la mirada tierna de María (la mejor catequista de la Iglesia) nos anime a seguir transitando los caminos de la fe.

¡Somos, con ella y como ella, discípulos misioneros de Jesús!

Su obispo,

+ Sergio O. Buenanueva

 

“Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando” – Año Mariano Diocesano 2018

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Convocatoria del obispo diocesano Sergio O. Buenanueva a celebrar un Año Mariano Diocesano al celebrar los 300 años de la Virgencita.

 

San Francisco, 15 de noviembre de 2017

Para ser leída en las Misas del fin de semana del 25 y 26 de noviembre

A todos los fieles de la Diócesis de San Francisco.

Queridos hermanos y hermanas:

En 2018 se cumplen trescientos años de la primera noticia documentada de la presencia, en nuestras tierras, de la imagen de la Inmaculada – la “Virgencita – que custodia el Santuario de Villa Concepción del Tío. Es el corazón espiritual de nuestra Iglesia diocesana.

Con tal motivo, y contando con el parecer favorable del Consejo presbiteral y del Consejo de pastoral diocesano, convoco a un Año Mariano Diocesano, bajo el lema:

“Bajo tu mirada, Madre,

seguimos caminando”

Como pueblo de Dios peregrino hemos hecho la experiencia de la presencia de María, cuya mirada alcanza a cada peregrino que llega a su Santuario y lo acompaña en todas sus horas. Los jóvenes lo experimentan cada año, en la peregrinación que los lleva a la casa de María. Lo experimentan los pobres, los que sufren, los pecadores. Sus ojos y sus manos abiertas en oración recogen todas nuestras súplicas. Esa mirada tierna de María nos transparenta a Jesucristo resucitado y nos anima a seguir caminando como Iglesia misionera que, con gozo, anuncia el Evangelio.

Dios mediante, iniciaremos este Año Mariano el próximo 8 de diciembre, con la celebración de la Solemnidad de la Inmaculada. Con tal motivo, presidiré la santa Eucaristía y la procesión en el Santuario de la Virgencita ese mismo día a las 17:30 hs. Culminará el 8 de diciembre de 2018.

A lo largo de este tiempo de gracia, la figura de María, la más perfecta discípula del Señor (DA 266), nos ayudará a destacar los rasgos fundamentales del discipulado cristiano y de la naturaleza misionera de la Iglesia como comunidad de fe, esperanza y caridad.

Los objetivos fundamentales de este Año Mariano Diocesano se enmarcan en el camino de renovación pastoral y conversión misionera que nos propone nuestro Plan de Pastoral Diocesano. Son los siguientes:

  1. Animar la celebración del Año Mariano presentando la figura de María como modelo del camino discipular y misionero del cristiano y de la Iglesia diocesana.
  2. Celebrar los 300 años de la presencia histórica de la devoción a la Virgencita para fortalecer los valores de la religiosidad popular presentes en nuestro pueblo.
  3. Promover, en toda la diócesis y en cada comunidad, la dimensión mariana de la espiritualidad cristiana, acentuando sus rasgos bíblicos, la oración del Rosario y el acto de entrega confiada (consagración) a María.

Para animar la celebración de este Año Mariano se ha constituido una Comisión Diocesana que, oportunamente, dará a conocer distintas actividades, iniciativas y sugerencias para que todos podamos vivir con abundantes frutos este tiempo de gracia.

Estoy convencido de que este Año Mariano traerá abundantes gracias para nuestra diócesis. ¡Qué nadie sea indiferente a esta llamada! ¡Es María la que nos convoca!

Con mi bendición,

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San Francisco

Carta Pastoral 2017 – “SOY VOCACIÓN-SOY MISIÓN” – Por una nueva cultura vocacional

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Comparto con ustedes la Carta Pastoral 2017, con las orientaciones para el “Año vocacional diocesano”.

Será presentada el próximo sábado 4 de marzo, en la Jornada de inicio del Año pastoral, en la Villa Concepción del Tío.

La podés descargar aquí: 04-carta-pastoral-2017

Les daré pastores, dice el Señor

1 de agosto de 2016

A los presbíteros de la diócesis de San Francisco

Queridos hermanos:

Les hago llegar un cordial saludo, al acercarse la memoria de San Juan María Vianney, el Cura de Ars.

Es el patrono de todos los sacerdotes del mundo, párrocos o no.

Seguramente, a lo largo de ese día, podrán experimentar la cercanía y el cariño de sus comunidades, familia y amigos. Es muy sólido el vínculo entre las comunidades cristianas y sus curas. Esa solidez proviene de la fe cristiana que es vida que se aprende a compartir.

Nuestro ministerio, tras las huellas de Jesús, nos pone precisamente allí: en lo más vivo de las experiencias humanas fundamentales. La vida de cada uno se va entremezclando con las alegrías, esperanzas, incertidumbres y lágrimas de tantas personas que son esa carta escrita en nuestros corazones por el mismo Jesús resucitado (cf. 2Co 3,2).

Así nos vamos haciendo pastores. La Palabra que anunciamos es semilla que fructifica en el campo, pero también es espada que nos hiere y nos inquieta. Es la fuerza pascual de los sacramentos que transforma la vida, de manera particular la santa Eucaristía, en la que vamos aprendiendo a entregar nuestra propia sangre al tomar en nuestras manos el cáliz del Señor.

Permítanme también expresarles con sencillez de corazón los mismos sentimientos, resumidos en una sola palabra: ¡Gracias! Gracias por su testimonio, su ministerio y, sobre todo, por la persona de cada uno de ustedes.

Los tendré presentes en la Eucaristía que celebraré en la catedral.

Este año, la celebración del Santo Cura de Ars, se une a otros dos acontecimientos “sacerdotales”: los cuarenta años de la muerte violenta del obispo Angelelli y la próxima canonización del beato Brochero.

Dos “curas cordobeses”, cuya entrega de amor hasta el extremo, iluminan el camino de los pastores y de la Iglesia toda en Argentina. Ambos nos muestran lo que significa la fidelidad a Jesús, a su Evangelio y a su pueblo santo, sobre todo, a los más pobres y frágiles.

Estos testimonios nos animen a seguir caminando como Presbiterio.

Les pido que recen por mí, porque lo necesito. Y mucho. Pero, todos juntos oremos y sigamos haciendo rezar por las vocaciones sacerdotales.

Que la Santa Madre de Dios les muestre, especialmente en este día, que nada ni nadie podrá separarnos jamás del amor de su Hijo, Jesucristo, el Señor.

Su hermano y obispo,

+ Sergio O. Buenanueva

Campaña para el sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia diocesana de San Francisco

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Carta pastoral del obispo Sergio O. Buenanueva

17 de abril de 2016, IV Domingo de Pascua

A los fieles católicos y personas de buena voluntad de la Diócesis de San Francisco.

Estimados amigos y hermanos:

¡Qué la alegría y la paz de Cristo resucitado estén con todos ustedes!

El próximo mes de mayo vamos a realizar la 1ª Campaña para el sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia diocesana de San Francisco.

El motivo de esta carta pastoral es presentarles esta iniciativa diocesana, su sentido, finalidad y algunas de sus características.

Cuesta bastante hablar del tema “plata” en la Iglesia. A veces por temor, otras por pudor. Por eso, quisiera proponerles conversar con franqueza, claridad y sencillez acerca del sostenimiento de la obra de la Iglesia. Un tema que nos incumbe a todos, porque todos somos Iglesia.

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¿Qué finalidad tiene esta campaña?

Sobre todo, que cada bautizado y miembro de la Iglesia tomemos mayor conciencia de la responsabilidad que tenemos en la obra evangelizadora de nuestra Iglesia diocesana. Esto implica compartir nuestros bienes: tiempo, talentos y dinero. ¿Qué doy yo a la misión de todos? ¿Cuál es mi parte? ¿Me siento miembro vivo de la diócesis?

De manera especial, queremos atender a tres necesidades fundamentales de la obra evangelizadora de nuestra diócesis: 1) el sostenimiento de los sacerdotes ancianos y enfermos; 2) el sostenimiento de los seminaristas; y 3) fortalecer la obra caritativa y solidaria de la diócesis.

¿Por qué una campaña?

Por tres razones: 1) En nuestras comunidades, muchos hacen mucho bien a muchas personas. Tenemos que saberlo y difundirlo. 2) Porque esta obra evangelizadora se sostiene con el aporte de todos los bautizados. Queremos recordarlo. 3) Porque tenemos algunas obras que requieren mayor aporte de todos: formación de seminaristas y otros agentes de pastoral; atención de sacerdotes ancianos y enfermos; acción solidaria. Tenemos que hacernos cargo.

¿Cómo surgió la idea de hacer la campaña?

Fue una iniciativa del Consejo de Asuntos Económicos de la diócesis. Formado por varios laicos y un sacerdote, tiene como misión asesorar al obispo en la administración de los bienes eclesiásticos.

Surgió al constatar diversas necesidades materiales de la diócesis, y la conveniencia de favorecer una mayor toma de conciencia del deber que tenemos los católicos de sostener con nuestros bienes la obra evangelizadora. Subsisten todavía entre nosotros ideas equivocadas al respecto, incluso prejuicios y malentendidos. Se necesita información clara.

De paso: ¿cómo se sostiene económicamente la obra evangelizadora?

Ya lo dijimos, con el aporte generoso de los católicos de la diócesis. Representa hoy el 93 o 94 % de los ingresos ordinarios de nuestras comunidades.

Contamos también con la solidaridad de distintas agencias católicas de ayuda, tanto de Argentina (“Más por menos”, “Caritas”, p.e.) como de otros países (“Adveniat”, “Kirche in Not”, entre muchas). Los católicos de todo mundo compartimos nuestros bienes. Ayudamos y nos ayudan. Esa es la vida de la Iglesia de Cristo.

Como en la mayoría de los países, también el Estado argentino hace un aporte: la Nación destina el 0,005 % del presupuesto nacional al sostenimiento de la Iglesia católica. La provincia y los municipios nos ayudan en algunas obras: construcción o reparación de instalaciones, subsidios a obras sociales, etc. La Iglesia católica y otros cultos reconocidos también se benefician de diversas exenciones tributarias.

En síntesis: somos los católicos los que, de hecho, sostenemos la obra evangelizadora de la Iglesia. Ese aporte ha de crecer, para mejor servir al anuncio del Evangelio, para asistir a los menos favorecidos y también para ganar mayor libertad respecto del Estado. La Conferencia Episcopal Argentina está trabajando en esta misma dirección.

¿Qué características tendrá la campaña?

Será en el mes de mayo en que celebramos a la patrona de la diócesis: la Virgen de Fátima. La idea es hacerla cada año, para esta misma fecha.

Como su finalidad primordial es informar y crear conciencia, los principales medios que usaremos serán: difusión durante las Misas de fin de semana; afiches y material gráfico; entrevistas y otras formas de difusión a través de los medios de comunicación locales.

Se van a distribuir también sobres para que los que así lo deseen hagan un aporte especial de dinero, distinto de las colectas de Misa, que se distribuirá así: 70 % para el obispado y 30 % para cada comunidad parroquial.

Por encima de todo, queremos que se hable de este tema que también hace a la misión evangelizadora.

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Nuestra diócesis se siente llamada a una profunda conversión pastoral que nos haga más misioneros: una Iglesia “en salida” y no recluida, que sale al encuentro de las personas, sobre todo de los más necesitados y vulnerables.

Forma parte de esa conversión misionera una profunda reforma económica de la diócesis basada en algunos ejes fundamentales: conciencia de la corresponsabilidad de cada bautizado en la misión común; comunión y solidaridad en el compartir tiempo, talentos y dinero; atención especial a las comunidades, familias y personas más pobres y vulnerables; transparencia, eficacia y modernización en la administración de los bienes materiales.

El año pasado dimos un paso importante al aprobar un conjunto de normas diocesanas para la administración de los bienes eclesiásticos. Estamos también realizando encuentros con los Consejos de asuntos económicos de las parroquias para ayudarnos a mejorar nuestra administración siguiendo las normas de la Iglesia. Esta campaña es un nuevo paso en esta dirección: mejorar nuestra acción misionera, destinando más y mejores recursos humanos y materiales al anuncio del Evangelio.

Que esta Campaña nos ayude a “hacer el bien no sólo delante de Dios sino también delante de los hombres” (2Co 8,21).

A San José, custodio de Jesús y de María, le confiamos este desafío que asumimos como Iglesia Diocesana en bien de la obra evangelizadora.

Que Dios los bendiga a todos,

+ Sergio O. Buenanueva

Obispo de San Francisco