ORACIÓN DE LA IGLESIA JOVEN DE SAN FRANCISCO

Peregrinación Juvenil al Santuario Diocesano de la “Virgencita”

María: estamos en camino hacia tu Santuario.
Somos jóvenes, discípulos y caminantes.
Vos vas a nuestro lado, 
pero igual te decimos: ¡Vení a caminar con nosotros!

Estamos caminando la vida.
Peregrinamos también la fe.

La vida es don maravilloso de Dios.
La sentimos palpitar en nuestro cuerpo y en nuestro corazón.
A veces, nos desconcierta y confunde.
Pero no dejamos de experimentar que, tomados de tu mano,
el amor de Dios sostiene nuestra esperanza.
La fe es un peregrinar que nos lleva,
una y otra vez, al encuentro con Jesús, nuestro Salvador.
Escuchamos su Palabra y sentimos el aliento de su Espíritu.
Recibimos su perdón y el alimento de su Cuerpo y de su Sangre.

De tu mano, y con nuestra vida queremos decir “Amén” a Jesús.

Estamos caminando como Iglesia joven de San Francisco.
Nos sentimos familia, pueblo y comunidad.
La Iglesia es nuestro hogar. 
Allí crecemos, cantamos y celebramos la Vida.

Sabemos que no estamos solos,
y que nadie puede resultarnos extraño 
si nos miramos con los ojos de Jesús. ¡Somos Vocación! ¡Somos Misión!
Discípulos misioneros de Jesús,
estamos llamados a comunicar la alegría del Evangelio 
y a ser protagonistas de la civilización del amor,
especialmente cercanos a los pobres y descartados.

Servidores como Jesús,
nos sentimos llamados a renovar la historia,
trabajando por el bien común, la justicia
y la cultura del encuentro en nuestra Patria Argentina.

Virgencita: vos caminás con nosotros,
como también los santos, amigos de Dios,
y tantos testigos y compañeros de camino. ¡Seguí caminando con nosotros!
Contagianos la audacia de tu alma joven
para cantar la grandeza del Señor. 
Amén.

17 de julio: memoria de los Mártires riojanos

Mons. Enrique Angelelli (Córdoba, 1923-Punta de los Llanos, 1976), obispo de La Rioja, Argentina, desde 1968, que participó del Concilio Vaticano II, procuró la aplicación de sus disposiciones a través de una intensa renovación eclesial por la renovación de su presbiterio, la vida consagrada y el laicado. Calumniado y perseguido, fue asesinado bajo la dictadura militar de ese país (1976-1983). En esos mismos días y contexto, por su identificación con ese proyecto pastoral eclesial habían sido martirizados Gabriel Longueville (Etables, 1931-Chamical 1976), sacerdote francés fidei donum; Carlos Murias (Córdoba 1945-Chamical 1976), sacerdote franciscano conventual y Wenceslao Pedernera (San Luis 1936-Sañogasta, 1976), trabajador y dirigente rural, esposo y padre de familia.

OFICIO DE LECTURA
SEGUNDA LECTURA

De las homilías de Mons. Enrique Angelelli (Homilía en la fiesta de la Santísima Trinidad, 8 de junio de 1974)


Para que la Vida divina abunde plenamente en el corazón de los pueblos

La Santísima Trinidad: este es el misterio fundamental para el Cristianismo. Es el alma de todo el Evangelio de Cristo y la Vida o Reino de Dios que se revela y se desarrolla en todo el Nuevo Testamento. Es el adorable misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La misma Iglesia nace de la Trinidad: del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia es hija de la Trinidad. El cristiano es hijo de la Trinidad. Esta verdad del nacimiento de la Iglesia en la Trinidad es fundamental para comprenderla y comprender su misión en el mundo. Desde aquí comprenderemos mejor toda la obra colosal llevada a cabo por el Concilio Vaticano II. Más aún, toda la creación; todo cuanto nos rodea está marcado y sellado por la presencia de Dios Trinitario. El que tiene alma contemplativa podrá descubrir las huellas de Dios Padre que crea y saca de la nada a la existencia todo cuanto existe. Descubriremos que el Hijo, Jesucristo, es quien reconcilia, redime, salva, libera, lleva a toda la creación a la armonía rota por el pecado del hombre. Es el Espíritu Santo que purifica, reúne lo disperso, santifica, convoca a los hombres a vivir en fraternidad y comunión entre sí para hacer un pueblo nuevo que sea santo, sacerdotal y señor de las cosas. Nos hace verdaderamente el Pueblo de la Trinidad.

Esta presencia viva de la Santísima Trinidad en el corazón del cristiano es el secreto que hace fuerte a los mártires; que le da fuerza a todos los que trabajan por la justicia y el encuentro entre los hombres; es quien le da sabiduría y fortaleza para que los pueblos luchen para ser respetados y considerados como templos vivos de la Trinidad; es aquí donde encuentran sentido la vida de los consagrados que entregan totalmente la vida al servicio de sus hermanos; es aquí donde se mantienen frescos y permanentes los valores eternos escondidos en el corazón del Pueblo.

Qué pobres somos y cómo a veces nos equivocamos, cuando pretendemos juzgar a la Iglesia de la Trinidad con razones puramente humanas o considerarla como simple institución humana. Más allá de lo que los hombres podemos equivocarnos como fruto de la limitación humana o de nuestros pecados personales, sin embargo, nos debe alentar y darnos una serena paz interior el saber con certeza que existe una presencia viva y verdadera del Espíritu Santo que anima y asiste permanentemente a la Iglesia como Cristo la fundó, para que la Vida Trinitaria traída al mundo por Cristo sea cada vez más abundante y plena en el corazón de los pueblos.

Por eso, la Iglesia deberá jugarse hasta el martirio si fuere necesario, en el cumplimiento de su misión, para que los hombres y los pueblos sean siempre templos vivos de Dios y tratados como a tales. Aquí debemos ubicar el gran servicio que presta a la humanidad cuando señala todo aquello que atenta contra la dignidad del hombre y de los pueblos y que no los hace libres y felices sino desgraciados y esclavos. El hombre no ha sido creado, redimido y santificado por la Trinidad para ser esclavo sino libre; para ser feliz y no oprimido; para ser protagonista de su propio destino y no obsecuente. Solamente adorarás a Dios y a Él sólo servirás nos enseña el primer gran mandamiento; con toda tus fuerzas, con tu mente y corazón y el segundo, semejante a éste; esto mismo harás con tu hermano, que es todo hombre.

Responsorio cf. Mt 5, 6.10.12a
R. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. * Alégrense y regocíjense porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.
V. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos pertenece el Reino de los Cielos.
R. Alégrense y regocíjense porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.


Oración final
Dios todopoderoso y eterno,
que diste a los beatos Enrique Ángel, obispo,
y compañeros, mártires,
la gracia de luchar hasta la muerte
por practicar la justicia;
concede a tu pueblo que
viviendo con esperanza las contrariedades de esta vida
podamos contemplar eternamente tu rostro.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración de la Iglesia joven y peregrina de San Francisco

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Oración de la Iglesia joven y peregrina de San Francisco

Peregrinación Juvenil al Santuario Diocesano de la “Virgencita”

María: estamos en camino hacia tu Santuario.
Somos jóvenes, discípulos y caminantes.
Vos vas a nuestro lado,
pero igual te decimos:
¡Vení a caminar con nosotros!

Estamos caminando la vida.
Peregrinamos también la fe.

La vida es don maravilloso de Dios.
La sentimos palpitar en nuestro cuerpo y en nuestro corazón.
A veces, nos desconcierta y confunde.
Pero no dejamos de experimentar que, tomados de tu mano,
el amor de Dios sostiene nuestra esperanza.

La fe es un peregrinar que nos lleva,
una y otra vez, al encuentro con Jesús, nuestro Salvador.
Escuchamos su Palabra y sentimos el aliento de su Espíritu.
Recibimos su perdón y el alimento de su Cuerpo y de su Sangre.

De tu mano, y con nuestra vida queremos decir “Amén” a Jesús.

Estamos caminando como Iglesia joven de San Francisco.
Nos sentimos familia, pueblo y comunidad.
La Iglesia es nuestro hogar.
Allí crecemos, cantamos y celebramos la Vida.

Sabemos que no estamos solos,
y que nadie puede resultarnos extraño
si nos miramos con los ojos de Jesús.

¡Somos Vocación! ¡Somos Misión!
Discípulos misioneros de Jesús,
estamos llamados a comunicar la alegría del Evangelio
y a ser protagonistas de la civilización del amor,
especialmente cercanos a los pobres y descartados.

Servidores como Jesús,
nos sentimos llamados a renovar la historia,
trabajando por el bien común, la justicia
y la cultura del encuentro en nuestra Patria Argentina.

Virgencita: vos caminás con nosotros,
como también los santos, amigos de Dios,
y tantos testigos y compañeros de camino.

¡Seguí caminando con nosotros!
Contagianos la audacia de tu alma joven
para cantar la grandeza del Señor.

Amén.

Un tiempo intenso de oración por la vida

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Ante la posible despenalización del aborto tenemos que intensificar nuestra oración. Sabemos que el poder de la oración es enorme porque abre el mundo más fuertemente a la acción de Dios, especialmente abre los corazones al influjo del Espíritu.

 
Los obispos de Argentina invitamos a todos los fieles a unirnos en un tiempo intenso de oración por la VIDA y en especial por la VIDA DEL NIÑO POR NACER, desde el domingo de la Ascensión del Señor (13 de mayo) hasta el domingo de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (3 de junio).
Proponemos la Oración por la Vida de San Juan Pablo II. Comencemos a rezarla en familia y en comunidad desde este domingo:
 
María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
 
Haz que quienes creemos en tu Hijo
sepamos anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzanos la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda nuestra existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.
 
Amén.
 
San Juan Pablo II. 25 de marzo de 1995.

25 de mayo de 2017: Oración por la Patria

41d4665cb15fe9a6ae05aa617e799bfeLes comparto la Oración que realicé en la Plaza Cívia de San Francisco en este 207 aniversario de la Revolución de Mayo. 

 

Dios Eterno, Señor de los pueblos: bendecimos tu Nombre que es Paz, Compasión y Justicia. Reconocemos la asistencia de Tu Espíritu, en los días de prosperidad y gozo, como en los de adversidad y dolor.

Nunca nos has abandonado, ni siquiera en los momentos de infidelidad. Tu mano poderosa y paterna, nos conduce por el camino de la fraternidad  y la solidaridad, mediante la justicia y la verdad, hasta la Patria Eterna, de la cual ésta, nuestra Patria Argentina, está llamada a ser signo y figura.

Reconociendo todos estos beneficios de tu amor providente, y renovando nuestra voluntad de ser fieles a tus designios: te damos gracias por nuestra Argentina, su historia, su tierra generosa, su pueblo, la diversidad de personas, culturas, formas de ver y de pensar que la enriquecen y dinamizan.

En este nuevo aniversario del primer gobierno patrio, reunidos para bendecirte, darte gracias y rogarte, te suplicamos por su presente y su futuro:

Señor, que afiancemos con convicción nuestra convivencia democrática en el respeto por el estado de derecho y las legítimas diferencias. Pacifica los corazones violentos. Hemos dicho “nunca más” a la violación de los derechos humanos. Quisiéramos pronunciar también un “nunca más” a la corrupción que profundiza el drama de la pobreza, volviéndonos vulnerables a las sugestiones perversas del mal. Haznos celosos de la verdad y de la justicia. Que trabajemos concordes por una vida digna para todos, especialmente para los más postergados. Que todos tengan techo, tierra y trabajo. Que cada chico argentino pueda soñar con su personal proyecto de vida con amplitud, esperanza y mucha pasión. Enséñanos a tratarnos como semejantes, amigos y hermanos. Ayúdanos, Padre, a afianzar la fraternidad entre todos los argentinos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canto de las criaturas de San Francisco de Asís

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1Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

2A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.

3Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.

4Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

5Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.

6Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.

7Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.

8Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

9Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

10Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.

11Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

12Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.

13¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.

14Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

San Francisco expone 2016 – Oración del obispo en la inauguración de la muestra

san-fco-expone-615x340Te bendecimos, Señor del cielo y de la tierra.

De Ti desciende toda bendición y hacia Ti sube la oración del que te bendice.

Protege con amor a tus servidores, que confiadamente te presentan el fruto de sus manos, de su ingenio y creatividad.

Esta muestra que hoy inauguramos expresa la riqueza de esta tierra que nos has dado, pero también el empeño laborioso de sus habitantes, de sus instituciones y empresas.

Te damos gracias porque nos has concedido colaborar contigo para el constante perfeccionamiento de la tierra que es nuestra casa común.

Te suplicamos la sabiduría, la decisión y la generosidad para cuidarla, protegerla y disponerla para que las próximas generaciones que habiten el suelo generoso de la “pampa gringa” tengan un hábitat humano, digno, bello y sustentable.

Te pedimos también para cada uno de los habitantes de esta tierra, especialmente para los más pobres y desfavorecidos, tierra, trabajo y techo para una vida digna; una educación de calidad para nuestros niños y jóvenes; leyes e iniciativas, públicas y privadas, que sostengan y alienten a nuestras familias; una sociedad libre con ciudadanos y organizaciones también libres y responsables, creativas y honestas.

Orgullosos de nuestro pasado, renovamos nuestro compromiso de hacer de nuestro presente un tiempo de justicia y solidaridad, a fin de mirar con confianza nuestro futuro.

Todo sea para la mayor gloria y honor de tu Santo Nombre, Dios uno y trino, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Oración de acción de gracias y súplica en los 130 años de San Francisco

Oración pronunciada por el obispo de San Francisco, Sergio O. Buenanueva, en el acto de conmemoración del 130 aniversario de fundación de la ciudad, ante el monumento de su fundador, José B. Iturraspe en la Plaza Vélez Sarsfield.

¡Es bueno dar gracias al Señor y bendecir su Nombre!

¡Qué nunca olvidemos, ¡Señor, los beneficios que manifiestan tu providencia con nosotros a lo largo de estos 130 años de historia compartida!

Te damos gracias por esta tierra generosa y fértil, por su belleza y fecundidad.

Te damos gracias, sobre todo, por los hombres y mujeres que han forjado nuestra historia.

Nos sentimos deudores de su generosidad, de su visión de futuro y de sus innumerables sacrificios para legarnos una ciudad bella y próspera, amable y abierta a todos.

Te damos gracias por el ingenio, la laboriosidad y el deseo de superación que has puesto en nuestros corazones.

Te pedimos sabiduría para discernir entre el bien y el mal, acosados siempre por la ceguera del egoísmo, del interés o de la mezquindad.

Te pedimos espíritu de justicia y solidaridad, de perdón y reconciliación, porque una ciudad no puede crecer sin una vigorosa cultura del encuentro, de la amistad social y del respeto por la dignidad de cada persona.

Te pedimos también que podamos seguir edificando una ciudad que integre la belleza, el desarrollo y el respeto por el ambiente; una ciudad en la que la prioridad la tengan siempre las personas, las familias, los niños y los menos favorecidos.

Gracias, Padre bueno y misericordioso, porque la riqueza más grande que nos has dado tiene el rostro de cada habitante de esta ciudad de San Francisco que amamos y que queremos ver crecer como casa común, haciendo de nuestras distintas miradas una riqueza compartida.

Te pedimos para nosotros el espíritu amable y fraterno de nuestro santo patrono: San Francisco de Asís.

Amén.

25 de mayo de 2016 – Oración por la Patria pronunciada en la Plaza Cívica de San Francisco

Dios Eterno, Señor de los pueblos, reconocemos la asistencia de Tu Espíritu, en los días de prosperidad y gozo, como en los de adversidad y dolor.

Nunca nos has abandonado, ni siquiera en los momentos de infidelidad. Tu mano poderosa y paterna, nos conduce por el camino de la reconciliación y la solidaridad, mediante la justicia y la verdad, hasta la Patria Eterna, de la cual ésta, nuestra Patria Argentina, está llamada a ser signo y figura.

Reconociendo todos estos beneficios de tu amor providente, y renovando nuestra voluntad de ser fieles a tus designios: te damos gracias por nuestra Argentina, su historia, su tierra generosa, su pueblo, la diversidad de personas, culturas, formas de ver y de pensar que la enriquecen y dinamizan.

En este nuevo aniversario del primer gobierno patrio, reunidos para bendecirte, darte gracias y rogarte, te suplicamos por su presente y su futuro:

Señor, que afiancemos con convicción nuestra convivencia democrática en el respeto por el estado de derecho y las legítimas diferencias. Pacifica los corazones violentos. Haznos celosos de la verdad y de la justicia. Que trabajemos concordes por una vida digna para todos, especialmente para los más postergados, olvidados y excluidos. Que todos tengan techo, tierra y trabajo. Que cada chico argentino pueda soñar con su personal proyecto de vida con amplitud, esperanza y mucha pasión. Enséñanos a tratarnos como semejantes, amigos y hermanos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.