COMIPAZ: “Un fin de año con principios”

A los fines de afianzar los lazos de hermandad y responsabilidad 

con nuestros prójimos, y ratificando los valores de la vida y de la paz

como valores esenciales y trascendentes de todos los seres humanos, el COMIPAZ (Comité Interreligioso por la Paz) convoca a la firma del presente

PACTO DE RESPONSABILIDAD CIUDADANA

TOMANDO EN CONSIDERACIÓN

QUE la Constitución Argentina

establece los principios de la legalidad y de los valores democráticos y republicanos en nuestro país.

QUE hemos sido convocados desde nuestros lugares de liderazgo y representatividad social para multiplicar el llamado a trabajar por el continuo mejoramiento de nuestra sociedad,

propiciando un ambiente de confianza, respeto, encuentro y convivencia pacífica.

QUE el disenso es inherente al sistema de la democracia, y que la resolución de los conflictos debe darse a través de medios pacíficos que promuevan siempre el diálogo por sobre la confrontación violenta.

QUE es nuestro deber participar en el fortalecimiento institucional del país, a fin de garantizar la libertad y el respeto a los derechos fundamentales de sus habitantes.

QUE reconocemos que la democracia implica mucho más

que el solo acto de emitir un voto, y que se realiza cada vez que se incrementa la participación de la ciudadanía en la vida pública de su país. 

NOS COMPROMETEMOS

con el cumplimiento de la Constitución Nacional y las leyes que de ella devienen para garantizar los derechos de todos los habitantes de nuestro suelo.

NOS COMPROMETEMOS

a encauzar todo conflicto hacia el diálogo como condición para fortalecer la democracia y la vida en dignidad de todos los ciudadanos.

NOS COMPROMETEMOS

con un proceso de negociación que se caracterice por el debate y la discusión institucional de programas, ideas y resoluciones, 

evitando todo tipo de ataques y diatribas personales.

NOS COMPROMETEMOS

con un tratamiento mediático de los desacuerdos que privilegie la información y la opinión por sobre el escándalo y el escalamiento de los conflictos. 

NOS COMPROMETEMOS

con la decisión de que después de haber agotado los distintos canales de diálogo, las medidas que se adopten no alteren los derechos del resto de los ciudadanos.

NOS COMPROMETEMOS

con el fortalecimiento de la mediación como un mecanismo alternativo para la solución de los diferendos.

NOS COMPROMETEMOS

con la no violencia y la eliminación de la agresividad en cualquiera 

de sus manifestaciones, así como de cualquier tipo de discriminación

a causa de sexo, raza, edad, extracción social, ideología o religión.

NOS COMPROMETEMOS

a velar para que las condiciones que garantizan el ejercicio de los derechos y las libertades cívicas sean respetadas por todas las autoridades, exigiendo de su liderazgo estricta responsabilidad ciudadana.

NOS COMPROMETEMOS

a incentivar la participación de la ciudadanía en la discusión de los programas y proyectos que tiendan al bien común, priorizando un interés especial por aquellos que padecen situaciones de mayor debilidad.

NOS COMPROMETEMOS

a promover no solamente los derechos de los ciudadanos, 

sino fundamentalmente la responsabilidad y los deberes cívicos que nos convocan.

Córdoba, diciembre de 2018

Cabalgata Brocheriana

Estamos reviviendo la gracia de la canonización del Santo Cura Brochero, acontecida hace ya dos años.

La 8ª Cabalgata Brocheriana que está pasando por los caminos de nuestra Iglesia diocesana, la inauguración del monumento al Santo y esta Eucaristía son la expresión visible de esta nueva oportunidad de gracia que se nos ofrece.

La canonización de San José Gabriel es una “gracia sustantiva” de la Providencia para los tiempos que hoy vivimos. Pasó la celebración, pero queda el impulso del Espíritu.

¡Vivamos entonces este acontecimiento con apertura interior! ¡Dejémonos llevar por el Espíritu!

Sin embargo, permítanme anotar esta observación: ¿estamos aprovechando realmente esta gracia, dejándonos interpelar por ella? ¿No corremos el riesgo de reducir la canonización del Santo Cura a mero dato folclórico, sin terminar de preguntarnos a fondo qué nos está diciendo el Señor?

José Gabriel del Rosario Brochero vivió su fe y se santificó en el ejercicio del ministerio en un momento crucial de Córdoba y de Argentina. Para apreciar lo que su figura de santidad nos ofrece tenemos que comprender el contexto vital, cultural y religioso, político y económico en que vivió su discipulado, creció como pastor y se hizo santo.

Estaban naciendo la Córdoba y la Argentina modernas, con todas sus tensiones, sus logros, sus dramas e ilusiones.

Y supo posicionarse con sabiduría evangélica y picardía criolla en ese cruce de caminos que fue el tiempo que le tocó vivir. Supo tejer encuentros, despertar ilusiones y esperanzas, poner en marcha proyectos comunes, tender puentes.

Recordémoslo: el tiempo es don de Dios. El tiempo que nos toca es regalo de Dios que lo llena con la presencia del Resucitado y su Espíritu, y, por la misma razón, provoca nuestra libertad: ¿Qué vas a hacer con el tiempo que te ha sido dado y confiado a tu libertad?

Brochero supo posicionarse libre, responsable y visiblemente en su tiempo. Vivió y encarnó el Evangelio de Jesucristo, sembrando con él la vida de sus hermanos, de la inmensa parroquia que le fue confiada y de la sociedad cordobesa y argentina de la que siempre se sintió parte.

Fue sacerdote cabal, de los pies a la cabeza, en alma y cuerpo. Y lo fue con ese dinamismo que él mismo describió cuando dijo de sí: “Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote; si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego.”

Impulsado por la caridad del Buen Pastor realmente lideró un proceso espiritual que impactó en todos los niveles de la vida. Aun hoy lo podemos apreciar.

Esto nos lleva, al menos a mí, a preguntarnos: ¿Cómo nos estamos posicionando como Iglesia en el tiempo que nos toca vivir? ¿Cómo estamos buscando aparecer hoy en la vida pública de Córdoba y de Argentina?

No vale repetir, sin más, comportamientos aprendidos. La identidad de los pueblos no tiene la consistencia de la piedra inerte, sino el dinamismo de los ríos serranos que nacen en las alturas, casi de entre las piedras, y comienzan a tomar forma, a medida que bajan hacia los valles, ganando en volumen y caudal. Por lo general, su marcha es serena y cantarina. En ocasiones, se vuelven torrente impetuoso. Así es la vida que avanza, crece, se desarrolla, afronta nuevos tiempos y mira hacia el futuro.

La Iglesia misma es un organismo vivo que crece continuamente, manteniendo su identidad profunda, pero siempre abierta a la novedad del Espíritu. Gestos, estrategias, métodos o lenguajes pastorales son pensados y reinventados, una y otra vez.

“Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina; y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (SC 2).

Esta es la sapientísima enseñanza del Concilio Vaticano II, formulada hace ya más de cincuenta años.
Importa – y mucho – todo lo que, en la Iglesia, es humano, visible, concreto y actual. Así entra en la historia la gracia sobrenatural.

La estatua del Santo Cura que hemos inaugurado recién nos puede ayudar a comprender mejor la enseñanza solemne de la Iglesia. Volvamos a mirarla.

El artista ha captado a nuestro Santo en algunas de sus actitudes más características.

Ante todo, Brochero está en movimiento, caminando, en salida. Es el Brochero misionero que tanto nos admira, aunque también nos avergüenza e intimida. Pero – tenemos que decirlo – es el Brochero que no podemos dejar de contemplar, aunque su vida, como si fuera una vorágine de fuego, nos queme y hiera. Lo admiramos. Nos intimida y avergüenza, pero nos atrae y fascina.

En una mano, el Rosario de la Virgen María: el Evangelio rezado, el de los pobres, el de los contemplativos que miran las cosas con el corazón y los ojos de la Purísima.

En la otra mano, el Evangelio de Jesucristo. Es la Palabra de la que se siente pregonero. Esa Palabra que, a él primero, le ha transformado la vida, llenándola de luz, de sentido, de urgencia y de gozo. Esa Palabra que busca sembrar en el corazón noble de sus serranos. Esa Palabra que ha ido aprendiendo a memorizar porque es Cristo, Verbo de Dios, que enamora su corazón. Es la “música” que él lleva a todos lados para encender la alegría de la esperanza cristiana en los corazones.

Tiene la mirada en alto, hacia el cielo, pero también como quien sabe mirar lejos, con la santa ansiedad de quien quiere que el futuro ya comience a transformar el presente.

Caminos, escuelas, acueductos, iglesias, ejercicios espirituales, religiosas y una comunidad cristiana viva y misionera. Porque sueña el futuro de las nuevas generaciones, se empeña con lucidez y decisión en la transformación del presente.

Argentina, Córdoba y San Francisco son muy distintas a como eran en los tiempos que vieron las andanzas de nuestro Santo Cura Gaucho. Sin embargo, él inspira nuestras propias andanzas evangelizadoras.

No es la imitación exterior, sino el espíritu brocheriano – el que la Cabalgata se empeña en difundir – el que tenemos que dejar entrar en nuestras vidas.

El Evangelio no necesita operadores ni estrategias de poder. Busca y siempre encuentra corazones humildes que le ofrecen su transparencia para que, a través de sus vidas, la luz de la Buena Noticia de Jesús siga iluminando cada rincón del mundo.

El Año Mariano está entrando en su fase final. No terminará, sino que dejará paso al Año Misionero Diocesano. El Espíritu que fecundó a María la hizo a ella la más entusiasta misionera. Ese mismo impulso es el que vemos en Brochero y Antula. Es el que soñamos para nosotros y para nuestra Iglesia diocesana.

Así sea.

Cuerpo y Sangre del Señor

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Homilía en la celebración diocesana de Corpus Christi.

Sábado 2 de junio de 2018

“Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen, esto es mi Cuerpo» …” (Mc 14,22).

El gesto de Jesús estaba prescrito en el protocolo de la cena pascual: el padre de familia debía tomar el pan, partirlo mientras pronunciaba la bendición y después ofrecerlo a todos. Al hacerlo, estaba reconociendo la bendición de Dios como origen de la fraternidad y de la vida del pueblo.

Gesto simple y sencillo. Entre Jesús y esa simplicidad hay una sintonía muy profunda. Todo lo que hace y dice es simple y esencial. Como el pan.

Sin embargo, lo verdaderamente novedoso no es ese gesto sino las palabras con las que Jesús sorprende a sus convidados: “Tomen, esto es mi Cuerpo”. No estaban previstas. Son suyas en el sentido más radical y personal. Han ido creciendo en él, paso a paso, en la vida oculta de Nazaret y, después del Bautismo, en su caminar entre los pobres, enfermos y pecadores. Ahora, en el umbral de la pasión, las pronuncia concentrando en ellas su propia persona. El gesto entonces manifiesta no solo lo que Jesús dice y obra, sino lo que él mismo es: Pan vivo bajado del cielo.

Al pronunciar estas palabras inesperadas le da un sentido nuevo a toda la comida pascual: la comunión con Dios y la fraternidad entre los hombres nacen de esa entrega de Jesús que nos ha amado hasta el fin. La simplicidad y sencillez de los gestos eucarísticos expresan la fuerza más vigorosa que está actuando en la historia: el amor de Dios que hace nuevas todas las cosas y que está llevando al mundo hacia su plena consumación.

La gran bendición de Dios es la Pascua de Jesús, su pasión, muerte y glorificación. Nos reúne cada domingo en el banquete de la Eucaristía.

Ese don que genera comunión tiene la forma dramática del sacrificio martirial. Con su gesto y con sus palabras nuevas Jesús anticipa proféticamente que su cuerpo será crucificado y, así, Él mismo se ofrecerá en sacrificio para la expiación de los pecados. La comunión es concretamente reconciliación de pecadores enemistados, recuperados para la amistad por la entrega de Jesús, que pone su vida en manos de los verdugos.

El don pasa por la pasión y la muerte en cruz. Es entrega real de la propia vida: despojo, renuncia y abandono.

Aquí, al menos para mí, surge una inquietud: ¿Por qué poner así el propio cuerpo, exponiéndose al escarnio y la violencia? ¿Por qué no dejar abandonados a su suerte a quienes, en definitiva, han recusado la amistad de Dios, prefiriendo su propia gloria a la gloria del Creador? ¿Por qué este inmiscuirse tan adentro de la torturada vida de los hombres?

La Eucaristía despierta asombro, estupor y adoración porque en ella se resume y se ofrece el misterio del Dios inmenso que se ha hecho pequeño, ocupando el último lugar, poniendo el cuerpo para salvarnos.

Ese cuerpo entregado es el que ha sido glorificado por la resurrección y el que comulgamos – real, verdadero y vivificante – bajo los velos del pan eucarístico.

La respuesta a la pregunta porqué Jesús se ha expuesto de esa manera es tan simple como el gesto y las palabras sobre el pan: por amor.

El que ama lo arriesga todo, se expone y se entrega, se inmiscuye y se involucra. No puede quedar indiferente ante la suerte de quienes comparten con él el camino de la vida. Y aquí, el que ama es el Dios todopoderoso, creador y providente, el Dios amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amor tan concreto como eficaz, incisivo y transformador.

La celebración eucarística, y su feliz prolongación en la oración ante el Santísimo expuesto o ante el Sagrario, mete en el corazón del mundo esa potencia salvadora del amor de Dios, tan simple y esencial como el pan y el gesto de partirlo y repartirlo entre los hambrientos.

Es la experiencia que hemos vivido los que pudimos participar en el II Encuentro Nacional de Juventud que se realizó en Rosario, hace exactamente una semana. “Con Vos renovamos la historia” fue el lema que convocó y movilizó a miles de chicos y chicas argentinos que se dieron cita en la ciudad de Rosario, junto al Paraná.

En la noche del sábado tuvo lugar un intenso momento eucarístico: casi veinte mil personas, la mayoría jóvenes, estuvimos una hora de adoración ante el Santísimo Sacramento. Allí, en el Hipódromo de Rosario convertido en un gran espacio sagrado de oración, estaba Jesús Eucaristía, su Palabra y su Espíritu, su Presencia silenciosa y fascinante, hablándonos desde el silencio elocuente del Pan consagrado expuesto como alimento para la oración de la Iglesia joven.

Tal vez sensibilizado por esta experiencia, al día siguiente, durante la Misa de clausura del Encuentro, me conmovió profundamente el hecho de dar la comunión a los jóvenes. Mientras repetía las palabras rituales: “Cuerpo de Cristo”, no podía dejar de observar los rostros de esos chicos y su visible deseo de estar con Jesús, intuyendo cuánta promesa encierran sus vidas jóvenes. “Les estoy dando a Cristo”, me repetía interiormente. “Eso es todo lo que tengo que hacer. Esa es mi misión. Para eso soy obispo, pastor y servidor”. Con esa convicción he vuelto.

Los días de retiro compartidos esta semana con mis hermanos sacerdotes me han ayudado a rumiar un poco más esas vivencias. Pude comprender que más que estar dando nosotros a Cristo, era Él el que nos “usaba” como instrumentos suyos para colmar a esos jóvenes con su propia Vida.

Cristo, el Evangelio y los jóvenes. Una sintonía que se convierte en sinfonía de voces cantando la vida. Abramos los oídos para escucharla y sumarnos a ese canto de esperanza. Una Iglesia o una sociedad que ya no tienen ni interés ni tiempo para escuchar realmente a los jóvenes – lo que viven, sienten, piensan y sueñan – se condenan a una parálisis permanente.

Evoqué el II Encuentro Nacional de Juventud. Quisiera evocar ahora otra oleada joven que hoy recorre nuestro país, del interior hacia la gran capital.

Cuando la cultura burguesa, aburrida y nihilista, solo sabe pedir aborto y muerte, de miles de voces nace un grito que es toda una promesa: “Vale toda Vida”, “Salvemos las dos Vidas”, “Votemos Vida”. Se lo intenta ningunear, pero inunda las redes, se expresa alegremente en las calles y toma también la forma de una argumentación racional sólida y fundada, que desmonta cifras mentirosas, mitos y prejuicios.

Los jóvenes provida son miles y también sacuden nuestra comodidad. No se conforman solo con un no al aborto. Piden una sociedad más amable con la vida. Reclaman por un sistema de salud que atienda a todos, especialmente a los más vulnerables. Piden que dejemos de especular, privilegiando el empleo y la producción a la renta o la especulación financiera. Claman por un sistema educativo público, sea de gestión privada o estatal, que movilice sus enormes energías espirituales y éticas para renovar la realidad, haciendo posible que cada uno madure un proyecto personal de vida solidario y transformador.

Escuchemos a los jóvenes. Abramos espacios creativos para escucharlos y escucharnos. Nadie en Argentina tiene la verdad absoluta sobre nada. Eso sí: muchos – individuos e instituciones, oficialismo y oposición, dirigentes sociales y religiosos – cargamos a cuestas con graves yerros, espesas cegueras y oscuros compromisos con el mal. No podemos seguir perdiendo oportunidades.

Los que somos discípulos de Jesús y buscamos alimentarnos de su Pascua dejémonos conmover y convertir por su entrega de amor, exponiendo también nuestros cuerpos, empeñando nuestra libertad y aguzando nuestro ingenio para edificar una patria de hermanos.

Jesús eucaristía, Señor de la vida y de la creación, con Vos renovamos la historia. Amén.

 

Un Dios desarmado

“La Voz de San Justo”, domingo 25 de marzo de 2018

Se suele decir que la Semana Santa es tiempo de reflexión y meditación: unos días para el espíritu. Estoy de acuerdo, con una condición: que, al menos los cristianos, entendamos bien qué queremos decir cuando hablamos de “espíritu” o de “meditación”.

En realidad, más que para una introspección, este es un tiempo para salir de nosotros mismos.

Es un tiempo para los sentidos: ver, oír, tocar, oler y saborear. Solo si activamos todo nuestro mundo sensorial podemos realmente tener una experiencia de silencio que no sea solo relax, confort o puro placer. Un silencio que sea fecundo.

De lo que se trata es de vivir la actitud más revolucionaria que puede encarnar una persona: la apertura a lo que viene de fuera sin que nosotros lo hayamos programado, a lo que no disponemos ni manipulamos, a lo realmente nuevo y provocador.

¿Qué podemos ver, oír, sentir en Pascua?

A Jesús. ¿A quién si no? No a un mito atemporal, sino a un hombre de carne y hueso, a la pasión que lo habita y que lo lleva a entregar la vida. Y, en él, a un Dios que se entrega a sí mismo, desarmado y sin segundas intenciones. Un Dios que tiene mucho para dar, para decir, para vivir y que, paradójicamente, no se impone, ni grita ni sobreactúa. Solo se entrega.

En medio de tantas palabras, voces y ruidos, este año, una vez más, podremos volver a oír la Palabra definitiva que Dios ha pronunciado sobre el mundo: Jesús, su Hijo, crucificado, muerto y sepultado.

Para muchos pasará desapercibida, sea por solitaria introspección o por dispersión. Pero es una Palabra que ya está metida profundamente en la historia humana y, desde su desarmado silencio, sigue hablando, convirtiendo y provocando. Cuando toma una vida – eso son los santos – se deja oír en todo su esplendor de Verdad.

Te invito a escucharla, en esta Semana Santa. Es más, te propongo tocar con tus manos la carne del que se entregó por amor. Porque esa Palabra se hizo carne, y plantó su morada entre nosotros. La liturgia de estos días convoca todos los sentidos para escuchar, contemplar, sentir y palpar a ese Dios humanizado.

El Viernes Santo, todos somos invitados a acercarnos al Crucificado, a arrodillarnos para adorarlo y a besarlo, porque el que ora y adora, ama y se deja amar. Un Dios humilde y desarmado, tanto como el ser humano apenas concebido en el vientre de una mujer.

Un Dios así, como el niño por nacer, está bajo amenaza. Pero es el único Dios capaz de despertar la fe, de convencerme con su Verdad, de iluminar mi vida, también amenazada, con la luz de su Amor.

Creo en el Dios crucificado, humilde y desarmado.

Francisco, los argentinos y el futuro

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Macri. 220 personalidades. Francisco.
3 Cartas por los 5 años del Papa.
3 cartas que tienen que ser leídas como una sinfonía.
Contra los escépticos: las palabras son poderosas.
Estas 3 indican una dirección: el encuentro posibilita la convivencia sin disolver las diferencias.

Carta del Presidente de la República

Buenos Aires, 13 de marzo de 2018

Santo Padre:

Le hago llegar mis afectuosos saludos y mis sinceras felicitaciones al cumplirse el quinto aniversario de su papado.

A lo largo de estos años, se ha convertido indudablemente en un protagonista de nuestro tiempo, líder moral y espiritual inmensamente querido y admirado por millones de personas.

Quiero expresarle mi reconocimiento por la tarea que está llevando adelante y agradecerle por el legado que está dejando a toda la humanidad.

Lo saluda con afecto,

Mauricio Macri

Carta de 220 personalidades argentinas al Papa Francisco

Querido Papa Francisco:

En este quinto aniversario de tu pontificado, nosotros, argentinos y argentinas de distintos ámbitos de la vida pública, de diferentes procedencias religiosas, políticas e ideológicas, queremos manifestar nuestra admiración y cercanía por tu obra a favor de la Humanidad, en particular de los excluidos, y tu firme defensa de la Tierra frente a la devastación que sufre.

Los argentinos y las argentinas te queremos mucho. Valoramos enormemente tu tenaz trabajo por la paz y la justicia en todo el mundo, a pesar de las resistencias que genera entre quienes pueden ver afectados intereses que no son legítimos.

Aunque deseamos y ansiamos tu visita, aceptamos la espera porque sabemos que se producirá cuando sientas que es el mejor momento y confiamos en vos.

Gracias por lo que has hecho y hacés.

Rezamos por vos y los que no lo hacemos, te acompañamos con cariño y confianza.

Carta del Santo Padre Francisco

A las argentinas y argentinos que me expresaron su cercanía en el quinto aniversario de mi elección, quiero hacerles llegar mi afecto y gratitud.

Me conmueve descubrir que, además del respetuoso saludo de las autoridades, en esta carta se hayan unido personas de diferentes procedencias religiosas, políticas e ideológicas. Así se confirma que no es imposible encontrar razones para encontrarse y que la unidad es superior al conflicto.

Quisiera decirles que el amor por mi Patria sigue siendo grande e intenso. Rezo todos los días por ese, mi pueblo que tanto quiero. Y a los que puedan sentirse ofendidos por alguno de mis gestos, les pido perdón. Puedo asegurarles que mi intención es hacer el bien y que a esta edad mis intereses ya tienen poco que ver con mi persona. Pero, aunque Dios me confió una tarea tan importante y Él me ayuda, no me liberó de la fragilidad humana. Por eso puedo equivocarme como todos.

Si alguna vez se alegran por cosas que yo pueda hacer bien, quiero pedirles que las sientan como propias. Ustedes son mi pueblo, el pueblo que me ha formado, me han preparado y me ha ofrecido al servicio de las personas. Aunque ahora no tenemos el gozo de estar juntos en nuestra Argentina, recuerden que el Señor ha llamado a uno de ustedes para llevar un mensaje de fe, de misericordia y de fraternidad a muchos rincones de la tierra.

Pido por todos ustedes, para que sean canales del bien y la belleza, para que puedan hacer su aporte en defensa de la vida y de la justicia, para que siembren paz y fraternidad, para que mejoren el mundo con su trabajo, para que cuiden a los más débiles y compartan a manos llenas todo lo que Dios les ha regalado.

Como siempre, a los que tienen fe les pido que recen por mí y a los que no tienen fe, les ruego que me deseen cosas buenas.

Con cariño de hermano y padre.

Francisco

Vaticano, 16 de marzo de 2018

Vía libre para la discusión parlamentaria sobre el aborto

Medio a las apuradas escribí en Facebook lo que sigue sobre el eventual debate parlamentario sobre el aborto. Es un tema de fondo de nuestra vida ciudadana. Habrá que volver sobre él. No faltará el punto de vista católico en este debate sobre nuestro bien común como sociedad argentina. 

*   *   *

Dos palabras acerca del debate sobre el aborto que parece tener vía libre en el Congreso, según las informaciones que hoy circulan.

¿Sobre qué vamos a debatir? ¿Quiénes lo harán? ¿Con qué resultado?

La sociedad viene debatiendo sobre el aborto desde hace años. No es para nada un tema tabú, como tantas veces se insinúa y se dice (los tabúes atraen…).

Pensemos solo en la cantidad ya infinita de artículos y diversas publicaciones al respecto y que abordan esta cuestión desde los distintos ángulos que tiene: salud, derecho, bioética, filosofía, literatura, teología, etc.

Como decía hace unos días, estamos en un tiempo inmejorable para discutir a fondo sobre este tema fundamental, pues toca el inicio de la VIDA HUMANA.

Cada vez son más los que se informan, opinan y debate. Está muy bien. Los que abrazamos la causa pro-vida hemos visto cómo esta causa, de estar casi desahuciada, ahora tiene una fuerza enorme. En algunos países ya es mayoritaria o bien numerosa.

Otra cosa es que el Parlamento discuta la despenalización del delito del aborto. Personalmente creo que es un tema a discutir. Es una discusión legítima que está requiriendo enorme creatividad, especialmente de los hombres y mujeres del derecho. Un punto clave, para mí, es este: sin dejar de considerarlo un delito – el aborto es la deliberada eliminación de un sujeto humano indefenso e inocente – a nadie se le oculta que, especialmente las mujeres, son también víctimas de situaciones muy complejas. ¿Cómo debe abordarlo el derecho penal? Cuestión abierta….

Otra cosa es que el Parlamento legisle que el aborto, de delito con algunas circunstancias atenuantes que lo hacen no punible, se transforme en un derecho. Al menos, para mí, esto es inaceptable: el aborto podrá llegar a ser legal, nunca será un derecho sino todo lo contrario: una gravísima injusticia.

Puntos para debatir…

 

Francisco, el Papa de todos

Declaración de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina

Los argentinos tenemos un enorme privilegio, hace ya casi cinco años un hermano nuestro ha sido elegido Papa, es decir, la máxima autoridad de la Iglesia en el mundo; para los cristianos, vicario de Cristo en la tierra. Desde aquel momento nuestro querido Papa Francisco adquirió en todos los países un prestigio y un apoyo crecientes, y hoy es en un referente global incuestionable para la inmensa mayoría de los cristianos y personas de buena voluntad.

En nuestro país, gran parte de los medios de comunicación han puesto más la atención en hechos menores e incluso han identificado al Papa con determinadas figuras políticas o sociales. Algunos de ellos han sido claros afirmando que no representan ni pretenden representar al Papa ni a la Iglesia. Sin embargo, esta constante asociación ha generado muchas confusiones y justificado lamentables tergiversaciones de su figura y sus palabras que llegan incluso a la injuria y la difamación.

La inmensa mayoría del pueblo argentino ama al Papa Francisco, no se deja confundir por quienes pretenden utilizarlo, sea pretendiendo representarlo, sea atribuyéndole posiciones imaginarias en función de sus propios intereses sectoriales. El pueblo sencillo quiere escuchar las enseñanzas del Santo Padre, y lo reconoce por su lenguaje claro y llano.

Acompañar a los movimientos populares en su lucha por la tierra, techo y trabajo es una tarea que la Iglesia ha realizado siempre y que el propio Papa promueve abiertamente, invitándonos a prestar nuestras voces a las causas de los más débiles y excluidos. Esto no implica de ninguna manera que se le atribuyan a él sus posiciones o acciones, sean estas correctas o erróneas.

Por ello, en vísperas a su próxima visita a los pueblos hermanos de Chile y Perú, queremos reiterar que el Papa Francisco se expresa en sus gestos y palabras de padre y pastor, y a través de los voceros formalmente designados por él. Nadie ha hablado ni puede hablar en nombre del Papa. Su aporte a la realidad de nuestro país hay que encontrarlo en su abundante magisterio y en sus actitudes como pastor, no en interpretaciones tendenciosas y parciales que sólo agrandan la división entre los argentinos.

Deseamos ardientemente que el Papa Francisco sea valorado y escuchado como él se merece y como nos lo merecemos todos los argentinos.

Que la Virgen de Luján nos ayude a construir como hermanos nuestra Patria.+

Visita de la Comisión Ejecutiva al Presidente de la Nación, Mauricio Macri

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina encabezada por su titular Mons. Oscar V. Ojea, acompañado por el cardenal Mario Poli, Vicepresidente primero, Mons. Marcelo Colombo, Vicepresidente segundo y Mons. Carlos H. Malfa, Secretario General, visitó en el día de hoy al señor Presidente de la Nación Mauricio Macri, tal como se había acordado hace veinte días.

Junto al presidente de la Nación estuvieron Marcos Peña, Jefe de Gabinete, Mario Quintana, Vicejefe de Gabinete, el Canciller Jorge M. Faurie, la Señora Carolina Stanley, Ministra de Desarrollo Social, el Ministro de Trabajo, Jorge Triaca, Fulvio Pompeo, Secretario de Asuntos Estratégicos, el Secretario de Culto, Santiago de Estrada y el subsecretario del área Alfredo Abriani.

La nueva Comisión Ejecutiva del Episcopado, presentó sus saludos con motivo de las próximas fiestas navideñas, y le obsequió al Presidente y al jefe de Gabinete, ejemplares del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia”.

En un diálogo cordial, y sin agenda previa, se habló durante casi una hora, con franqueza y claridad sobre la situación socio-política que está viviendo el país. En ese contexto, los obispos expresaron al Presidente de la Nación sus preocupaciones por la situación de los jubilados, la magnitud de los hechos de violencia registrados y la característica de la respuesta de las fuerzas de seguridad. Asimismo, le manifestaron la necesidad de que en esta coyuntura económica, el mayor esfuerzo lo realicen los que más tienen.

También reafirmaron la necesidad de continuar el camino del diálogo, en el marco de las instituciones democráticas y de asociaciones representativas de la sociedad civil y comunidades religiosas.

Buenos Aires, 19 de diciembre de 2017

La construcción de consenso es el único camino

No tenemos palabras para expresar el dolor y la tristeza que nos conmueven esta tarde después de lo vivido en ocasión del comienzo del tratamiento de la reforma previsional.

Ninguna forma de violencia puede aceptarse. Como pastores de este pueblo, una vez más pedimos el diálogo y la consiguiente construcción de consensos como el único camino para la convivencia en la amistad social así como para la aprobación de leyes importantes que afectan al conjunto de la población, especialmente a los más pobres y frágiles.

En estos momentos los argentinos esperamos gestos de grandeza y pacificación de parte de los hombres y mujeres públicos.

Pedimos a nuestra Madre de Luján que cercano el nacimiento de Jesús en la Navidad, nos ayude a reencontrarnos en las diferencias, a vernos y a tratarnos como hermanos.

Comisión Ejecutiva
Conferencia Episcopal Argentina
Buenos Aires, 18 de diciembre de 2017